Entrevista a Joaquín Leguina Herrán

Madrid.- Joaquín Leguina Herrán (Villanueva de Villaescusa, 1941), doctor en Economía, es uno de los personajes políticos más relevantes de la política española en general y la madrileña en particular, con compromisos muy destacados en los tres niveles competenciales, en representación del Partido Socialista Obrero Español (PSOE). De su extensa biografía en cargos de responsabilidad destaca la presidencia de la Comunidad de Madrid, que ejerció entre 1983 y 1995, convirtiéndose en el primer dirigente de la región de nueva creación; su tarea como concejal de Hacienda en el Ayuntamiento de la capital, entre 1979 y 1983; y su labor como diputado en dos etapas diferenciadas, una primera entre 1982 y 1983, y una segunda bastante más amplia, de 1996 a 2008.

Además de lanzar al mercado diversas obras literarias, ha colaborado puntualmente en diversos medios de comunicación. Fueron especialmente significativos sus textos en la revista semanal Cambio 16, la publicación de dicha índole más destacada del momento por su tipología, lenguaje y estilos empleados, en un período en el que las novedades estaban a la orden del día.

La trascendencia de Leguina con mi proceso investigador venía fundamentado por dos vertientes: la periodística, por su labor en Cambio 16 y su conocimiento de los primeros pasos dados por la revista ideada y puesta en funcionamiento por Juan Tomás de Salas; y la política, merced a su pertenencia al PSOE y su participación en los diferentes actos de la campaña electoral, especialmente la primera, en junio de 1977.

Pregunta.- ¿Cómo surge la revista Cambio 16?

Respuesta.- Era una idea de Juan Tomás de Salas, al que yo he conocido toda mi vida como Juan Salas, lo de Tomás vino después. De familia noble, en el sentido tradicional, aunque nunca lo exhibió, mi primer contacto con él fue en París y ya tenía esa idea. Estaba haciendo, creo que ya la tenía, una tesis con el historiador francés, Pierre Vilar. Estuvimos dos años y cuando él volvió a España enseguida se puso a montar la revista.

La puso en marcha con gente como José Luis Leal, hijo de almirante, compañero de estudios del Rey de niños, presidente de la Asociación Española de Banca Privada (AEB) y ministro con Suárez; y con mucha más personas. Con problemas como había y hay para montar una empresa de este tipo, nació antes de la muerte de Franco pero cuando se disparó fue después de su fallecimiento. Pero ya de entrada Juan Tomás impuso un estilo que era completamente nuevo en España, al que creo que colaboré algo en crear.

P.- ¿Influyeron mucho sus viajes por Europa a la hora de idear y poner en marcha la publicación?

R.- Él trabajó en France Press una temporada y se exilió en Colombia. Le sacó el embajador del país en Madrid cuando Franco le quiso meter en la cárcel porque pertenecía al grupo político Frente de Liberación Popular (FLP), que era del que formaba parte yo, por eso lo conocía. Pero no lo hice en España, aunque curiosamente estábamos en la misma organización, muy de izquierdas.

Su salida se produjo a instancias de un periódico que se llamaba, creo que sigue haciéndolo, El Tiempo, propiedad de la familia Santos. Qué casualidad, el presidente de la República de Colombia en la actualidad se llama Santos. Es el hijo del responsable de sacar a Juan Salas, que viajó directamente a Colombia para trabajar en ese periódico. Juan tenía la carrera ya terminada de abogado, pero se dedicó desde ese momento al periodismo.

P.- ¿Cómo fueron esos primeros pasos de una forma rudimentaria en el piso de Salas en Madrid?

R.- Vivía entonces cerca del Hospital del Niño Jesús, en el barrio de La Estrella. Cuando lo montó empecé a trabajar con él, poco porque yo nunca he dependido económicamente de Cambio 16, y publiqué en el número cero un artículo. Pero en las previas con la gente que tenía dinero, entre ellos creo que estaba Luis González Seara, que fue ministro y es catedrático de la Universidad Complutense, no intervine porque no tenía un duro. Estaba haciendo las oposiciones.

Colaboré muchos años en la publicación, escribiendo, por ejemplo cuando estuve en Chile, varios artículos incendiarios sobre el golpe de estado de Pinochet.

P.- ¿Cómo fue su labor personal en Cambio 16?

R.- Hice colaboraciones semanales, unas tiras y algún reportaje. Todo ello a mi estilo y opinión, porque era ya estadístico y hacía trabajos de dicha área que eran un rompedero de cabeza. Estoy hablando antes de que falleciera el difunto. Tras su muerte seguí colaborando pero ya no te metías en líos.

P.- ¿Revolucionó el periodismo el lenguaje que empleaba Juan Tomás de Salas?

R.- El lenguaje y el estilo muy moderno era copyright de este señor.

P.- ¿Lo considera un visionario?

R.- Lo era en general para muchas cosas.

P.- En esta primera época que comenzó como semanario de información económica ¿se vislumbraba que iba a acabar centrado en política?

R.- La intención era esa. Él creía que Franco se iba a morir, el resto de los españoles pensábamos que era inmortal.

P.- La segunda época se inició cuando le permitieron publicar contenidos políticos, tras la muerte del presidente del Gobierno, Carrero Blanco, y el consiguiente cambio de Gobierno. ¿Ese fue el paso definitivo al éxito que alcanzó, con tiradas de hasta 340.000 ejemplares semanales?

R.- Sí parece. Los datos son concluyentes. Tuvo mucha influencia Cambio 16 en la creación de un ambiente. No era una revista partidaria, ni socialdemócrata ni de otra ideología.

P.- Durante la tercera época, alrededor del bienio 1976-1977, se convirtió en un semanario de información general. ¿Ese cambio se produjo por la llegada de los periódicos, que ofrecieron un producto que podría asemejarse con el de las revistas?

R.- Ahí es cuando Juan Tomás de Salas se quedó atrás porque tenía que haber liderado la creación de un periódico como El País. Pero se le adelantaron gente que tenía menos experiencia que él.

P.- ¿No supuso la última modificación de Cambio 16 una huida hacia delante, porque se centraron en aspectos diferentes como elementos más sociales de la política?

R.- Eso no lo percibí en ese momento. El gran fracaso fue el no haberse convertido en periódico a tiempo. Con Diario 16 ya se le habían comido el espacio.

P.- ¿Pudo influir en su declive que se estaban consiguiendo determinadas reivindicaciones que defendía Cambio 16?

R.- Yo creo que no. La sociedad siguió demandando información en forma de periódico diario. El problema fue la no transformación, ya que El País mató a todos los semanarios, entre ellos a Cambio 16, que era el más importante, pero también a todos los demás. Sobrevivió Interviú porque ponía a chicas hermosísimas desnudas, que siempre es muy agradable, pero el periodismo político, que sigue siendo el más importante, se lo comió el diario de Prisa y, en la medida que fuera, también los otros periódicos que supieron transformarse o permanecieron por tradición familiar, como es el caso de ABC.

En el momento en el que estamos hablando hay dos periódicos de ámbito nacional, que son El País y El Mundo. El primero es el asesino de Cambio 16 y el segundo el sucesor.

P.- Ahondando en su vida política, ¿cuál fue su labor en las dos primeras elecciones?

R.- Fui en las listas del PSOE en las elecciones generales de 1977 y en 1979 fui concejal de Hacienda y Patrimonio del Ayuntamiento de Madrid, con Tierno Galván. El siguiente paso fue ser presidente de la Comunidad de Madrid.

P.- ¿Cómo eran las campañas políticas de entonces? ¿Mucho más rudimentarias y cercanas con relación a ahora?

R.- Muy rudimentaria pero más auténtica, más de contacto. No había tantos errores de diseño porque el encargado del partido, que era Alfonso Guerra, ya sabía bastante de este asunto. Tenían más autenticidad porque el hecho de llevar a unos jóvenes a los que has pagado dinero para que se pusieran detrás del líder porque ya no tienes jóvenes que poner propios no se llevaba. Entonces eran de verdad.

P.- ¿Cuál fue la manera de afrontar el PSOE los primeros comicios? ¿Estaba ya preparado para ello a pesar de la premura en el tiempo?

R.- Los andaluces, los sevillanos más concretamente, Alfonso Guerra y Felipe González, sabían para qué estaban en el mundo, que era intentar ganar unas elecciones. En las primeras, que era todo improvisado, la idea que tenían era ser el segundo y lo consiguieron. No les interesaba ser el primero.

P.- ¿No era el momento?

R.- Por eso no les interesaba.

P.- Hábleme de la pelea en el socialismo, porque hubo varias vertientes entre el PSOE, su ramificación histórica o los populares, personificados en Tierno Galván.

R.- Ese aspecto lo tenía muy claro Felipe González. Le hice una entrevista para una revista teórica que era Zona Abierta, con el director de la publicación, y ya nos lo dijo sin ningún problema: nosotros vamos a conseguir unificar a todo el socialismo y vamos a ser generosos. En efecto, lo hicieron. En las primeras elecciones desaparecieron prácticamente todas las vertientes, incluido el PSP, que tenía un líder muy potente, y antes habían pactado también con otros, otorgándoles puestos.

Fueron generosos y en muy poco tiempo consiguieron la unidad, menos del PCE, de todos.

P.- ¿Qué rasgos fueron los esenciales en la estrategia de comunicación socialista en las primeras elecciones?

R.- Tenía un mensaje muy claro y todo giraba en torno a él: la juventud del líder. Iba con camisa de cuadros, que no se ha vuelto a poner en su vida, jamás he visto a Felipe González con una prenda así excepto en las fotografías de la propaganda; y el mensaje aglutinaba lo viejo y lo nuevo. Intentaron enganchar al viejo socialismo, anterior a la guerra, de gente como Julián Besteiro, sin hacer distingos, aunque entre él e Indalecio Prieto había una diferencia, y entre éste y Francisco Largo Caballero una diferente.

En resumen, era un batido entre lo nuevo y lo viejo. Y funcionó.

P.- Mi tesis ahonda en los contenidos personales de los candidatos. ¿Cómo vendieron, políticamente hablando, a Felipe González?

R.- Es evidente que la diferencia era el PCE. En dicha formación todos habían estado en la guerra y habían sido por lo menos generales, Carrillo más que eso. Mientras que los principales candidatos socialistas no habían nacido por aquel entonces y eran de familias incluso vinculadas a la Dictadura. Por ejemplo, el padre de Alfonso Guerra era un obrero de la empresa pública militar sevillana La Maestranza de Artillería, propietaria de la plaza de toros, y de izquierdas era lo mínimo. El padre de Felipe González, que era de Izquierda Republicana, había hecho la guerra emboscado, con muy buen criterio, a las órdenes de un noble sevillano que era militar. Es decir, que no habían tenido nada que ver, ni sus padres ni ellos, con la Guerra Civil.

La guerra para nosotros era un referente nada familiar, sino lejano, ideológico, pero no lo teníamos metido en los huesos. El mensaje del momento sacó, a la vez, al PSOE de la guerra y reivindicó algunos pensamientos minoritarios de diversos personajes del partido antes del conflicto, como fueron los de Fernando de los Ríos o de Luís Jiménez de Asúa. Rescataron el pensamiento socialdemócrata de antes de la Guerra y lo pusieron al día, olvidándose de los pujos revolucionarios del año 1934, en el que hay que recordar que el PSOE se levantó en armas contra la República. Lo que pasó aquí, que fue una tragedia enorme, también lo fue para el propio partido político.

P.- ¿Qué importancia tuvieron en estas elecciones los aspectos personales? En la derecha muchos de los candidatos procedían de los aparatos del Régimen, que podrían ser más o menos conocidos, pero en el PSOE eran gente desconocida.

R.- Éramos gente desconocida pero no en nuestro ámbito de influencia. Yo lo era, pero había sido dirigente estudiantil, y puedo poner muchos ejemplos. Todo el mundo había hecho algo durante la Dictadura y además lo había llevado a cabo contra ella, ya fuera un abogado laboralista, un ingeniero de caminos, etc. Éramos profesionales prestigiosos en nuestro ámbito, aspecto del que adolece el partido en la actualidad.

P.- No sé si conoce los espacios publicitarios UCD informa, que se llevaron a cabo en los segundos comicios, los de 1979. ¿Qué opinión le merece? ¿Se lo planteó el PSOE?

R.- Es una idea que está bien. No creo que le hubiera ayudado al PSOE porque esto está bien, como información es decente, pero en este país todavía es el líder el que ocupa todo.

P.- En ese período aparecieron contenidos variados de personalidad sobre Felipe González y muy puntuales sobre Enrique Múgica o Carmen García Blaise. ¿Era la intencionalidad de la formación sólo vender al líder?

R.- No lo sé, pero era un aspecto que tenía claro Alfonso Guerra, el encargado de la estrategia electoral, que el líder era el que vendía. Eso tiene sus problemas porque detrás de él es diferente colocar a Leopoldo Calvo-Sotelo, ingeniero de caminos, que a una persona que no haya finalizado la carrera, caso de José Blanco.

P.- ¿A Suárez le ayudó el hecho de ser personalmente conocido y sus apariciones en publicaciones como Hola?

R.- Sin duda que le ayudó porque era muy mediático. Lo había sido siempre. Había sido director de Televisión Española. Sabía de eso.

P.- Para finalizar con el papel de las cuatro publicaciones que analizo en la tesis, ¿qué opinión le merece el cambio de ABC de un régimen dictatorial, al que apoyaba a grandes rasgos, a una democracia como la concebida en la Transición?

R.- Apoyaban al Régimen ma non troppo fanático. Ellos siempre han sido monárquicos de derechas, muy de derechas, porque también hay monárquicos de izquierdas. Yo soy juancarlista y soy de izquierdas. No es un periódico que haya querido jamás. Ahora está mejor, tiene unos colaboradores excelentes.

P.- ¿Dónde se colocaba El País en ese período?

R.- Era mucho más objetivo antes que ahora. En la actualidad ha tomado la deriva de un periódico de trinchera y así le va, que ha perdido credibilidad.

P.- ¿El éxito de El País pudo venir justificado por el hecho de convertirse, en cierta manera, en el altavoz del centro-izquierda, que en ese momento lo necesitaba?

R.- ¿Si analizas El País de aquella época sacas la conclusión de que es de centro-izquierda? Yo tengo dudas. Es demócrata.

P.- ¿Y cómo fue la relación del rotativo de Prisa con el PSOE en aquellos años?

R.- Con algunos bien y con otros mal. El País, como era el jefe entonces de verdad, no estoy hablando de Jesús de Polanco, sino Juan Luis Cebrián, este gran empresario que ha hundido una empresa importante él solito cobrando trece millones de euros al año, siempre ha sido un poco chulo, en el sentido que se le da a esa palabra en Madrid. Es decir, que pasa de todo, insulta a todo el mundo, etc. Entonces con unos se ha portado mejor que con otros.

Cuando llega el PSOE al gobierno, sé que esta no es la etapa que estás investigando, cogió a cuatro ministros a los que iba a sacudir y los otros eran los buenos. A priori éstos eran los que vamos a defender y éstos los que vamos a sacudir.

P.- Llama la atención que Fraga comenzó siendo accionista de El País.

R.- No, es lógico. Fraga ya había dado el paso, se había puesto en la hipótesis democrática, que era la que sucedió. De tonto tenía muy poco. Era su sitio estar allí. Luego es otro que tomaron como el payaso de las bofetadas, le dieron leña y se salió.

Fraga cometió muchos errores en la vida pero no merecía los palos que le dieron desde que él tenía sus acciones ahí metidas.

P.- ¿Y Triunfo?

R.- Era una revista antigua, ideológica, donde había unos colaboradores muy valiosos como Haro Tecglen, Vázquez Montalbán o Alonso de los Ríos. Eran gente de alta calidad pero no entendieron que una revista era otra cosa.

Coge la colección de Triunfo de antes y después de la muerte de Franco. Tú no verás, antes del fallecimiento, un escote o unas bragas de una muchacha, y después de la defunción ni un desnudo. Y una revista tiene que sacar también eso.

P.- ¿Tenía relación con el PCE?

R.- El PCE era más moderno que Triunfo, que ya es decir.

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(29 de noviembre de 2012 en el Consejo Consultivo de la Comunidad de Madrid)

 

Entrevista a Cristina Almeida Castro

Madrid.- Cristina Almeida Castro (Badajoz, 1944), abogada, ha sido uno de los personajes más relevantes del comunismo de los últimos años del Franquismo y los primeros de la Transición. Su vinculación con esa ideología comenzó en la universidad, a la que entró para cursar Derecho, y en donde tenían un gran protagonismo, entre las juventudes universitarias, dichos prelados ideológicos. A partir de ahí llegó a ocupar una concejalía en el Ayuntamiento de Madrid, siendo expulsada de esas siglas por desavenencias con su líder, Santiago Carrillo.

Desde entonces, participó en la formación de Izquierda Unida (IU), siendo diputada en la cuarta y la sexta legislatura, abandonando la coalición las siglas de Almeida, el Partido Democrático de Nueva Izquierda (PDNI). Su última aventura fue como candidata independiente por el Partido Socialista Obrero Español (PSOE) a la Asamblea de Madrid en la legislatura de 1999 a 2003, descartando pasar a engrosar las filas de dicho partido político.

Su conocimiento de la formación liderada por Carrillo y su ingente labor en las campañas electorales, siendo incluso protagonista de algunos productos periodísticos analizados en la tesis doctoral, la hacen especialmente interesante. Con ella se podrá conocer la estrategia seguida por el Partido Comunista (PCE) y la tarea de dicho partido en los primeros años de la nueva democracia.

Pregunta.- Usted estudió Derecho ¿Cómo inicia su vinculación con el Partido Comunista (PCE)?

Respuesta.- Yo había hecho ciencias porque quería hacer Medicina, rama de Psiquiatría, pero aquí no había la especialidad y tenía que estudiar muchos años, por lo que decidí cambiarme a Derecho. Tuve que pedir permiso y estudié la carrera de 1961 a 1966 en la Facultad de Madrid. Primero entré en Federación Universitaria Democrática Española (FUDE), en segundo de carrera, cuando ya me fui espabilando, luego en el Sindicato Democrático de Estudiantes ya más tarde y en el año 1964 ingresé en el PCE en la Facultad, que era lo que había.

P.- ¿Se fraguaba ya una sociedad crítica?

R.- Por supuesto. En el año 1965 fue cuando detuvieron a José Luis López Aranguren, Enrique Tierno Galván, Agustín García Calvo o Mariano Aguilar Navarro, una serie de catedráticos que encabezaron una manifestación a favor de la libertad de asociación. A partir de ese momento cayó el Servicio Español Universitario (SEU), se inventaron otra cosa que eran las AP, que no llegaron, y a cambio nosotros creamos el Sindicato Democrático de Estudiantes.

P.- ¿Cómo se veía el periodismo de esos años? Llegó durante ese período la Ley Fraga de Prensa.

R.- Él le llamaba la ley de la libertad de censura, pero aquí la censura era el país, no sólo la prensa, ya que si no hay libertades no las hay ni para las publicaciones ni para nadie. Pero como todos rompíamos lo que podíamos la información, la prensa también lo hacía en muchísimos casos, por ejemplo Cambio 16, Triunfo, Hermano Lobo, Cuadernos para el Diálogo, etc. Eran todo apuestas para lograr la libertad. Creo que todo el mundo que quería ayudar lo hacía en donde fuera y la prensa no fue ni mucho menos ajena. Hubo de todo, pero estaban más por una apertura democrática, de avance. Incluso el ABC porque quería apoyar al Rey y no quedarse fuera, como se había quedado don Juan.

Creo que sí se notaba la misma apertura que logramos conseguir la sociedad, aunque en teoría y en las leyes era imposible, pero todo el mundo ayudaba a romperla, como los jueces con Justicia Democrática. Entonces todos querían apostar por una sociedad democrática. Y en la prensa había la misma discusión, en Cambio 16, en Triunfo, hasta en La Codorniz. En todos se metía una parte de democracia y se perseguía a la prensa. Con Fraga cerraron muchas publicaciones en varias ocasiones, pero todos partíamos de la base de que la censura ya estaba y que las libertades había que conseguirlas poco a poco, mediante entrevistas, leyendo entre líneas o haciendo artículos.

Recuerdo que era una época apasionante de la prensa, que sí nos comunicaba cosas, y sabíamos leer entre líneas. Por eso sacábamos de todos lados lo mejor que había.

P.- ¿Cómo fue su trayectoria en el PCE?

R.- El partido ha sido lo mejor que me ha pasado, no porque sea comunista, si hubiera vivido en la Unión Soviética igual habría estado en la oposición. Estuve en el PCE hasta el año 1981, que me expulsó Santiago Carrillo. Lo hicieron porque mandaban más, no porque tuvieran más razón. La prueba es que a los dos meses le expulsaron a él.

Tras las primeras elecciones municipales estuve gobernando con el PSOE y Tierno Galván, en coalición con el PCE, y fue una etapa estupenda, pero se planteó entonces un problema en el País Vasco, en donde se quería fusionar el Partido Comunista de Euskadi (EPK) con EE. El partido estaba apoyando esa fusión pero al final, con los intransigentes del País Vasco, se negaron y expulsaron a Roberto Lertxundi y a todo el secretariado de allí. Nosotros hicimos un acto en Madrid para informar sobre ello en el Centro de Investigaciones Científicas. Salió un anuncio en El País con todos los cargos públicos que estábamos en ese acto, nos llamó la dirección y nos dieron una carta de expulsión.

Con motivo de dicha decisión ganamos un recurso en el Tribunal Constitucional. Yo no tenía ningún deseo de volver, pero me parecía que no se podía dejar a los ciudadanos porque hubiera convocado o participado en un acto. Si me echaban por choriza todo hubiera estado muy bien, pero como era por una cuestión diferente no. Fue una sentencia clave porque una vez que los partidos te meten te pueden dar poder pero no te dan la democracia. Ésta te la dan los ciudadanos y no puede ser un responsable del partido el que te eche, sino que tendría que ser la ciudadanía.

P.- Pero volvió a la escena política para ayudar a formar IU.

R.- En el año 1986 me llamó de nuevo Gerardo Iglesias, por aquel tiempo secretario general del PCE, y me pidió que viniera a fundar IU. Fui a llevar a cabo esa labor, en la que también estaba el PCE, aunque mantenía que debía disolverse y que sólo quedara IU como partido y no cada uno con una formación. En este caso fue Julio Anguita el que me expulsó de allí.

Nunca he sentido la represión, excepto cuando tenías la obligación de votar. Si por algo prescindieron de mí y no me pusieron en las listas fue porque me negué a votar una proposición del fútbol, que yo sabía que estaba amañada, y dije que no. Por ello nos castigaron para no ir a las próximas elecciones. Querían que fuera en torno al veintiocho, pero le dije que si éramos malos no nos podías poner en las listas y entonces nos fuimos Pablo Castellano, Nicolás Sartorius y yo, que renunciamos.

P.- ¿Y la aventura del Partido Democrático de Nueva Izquierda (PDNI)?

R.- Es complicado hacer un partido si no tienes financiación y decidí, tras la salida de IU, un acuerdo con el PSOE para estar en la Asamblea de Madrid y ser candidata contra Alberto Ruíz-Gallardón en 1999. Cuando salí me ofrecieron pasar al PSOE porque se había decidido que la gente de mi formación lo hiciera, pero dije que no quería pasarme a otro partido.

P.- ¿Qué modelo de partido era el PCE?

R.- Era un modelo de gente afiliada y que daba ideas. Nosotros teníamos más democracia que nunca porque la hacíamos nosotros, entre ellos los que eran abogados. Después vinieron las viejas glorias, el propio Santiago Carrillo, que se inventó la territorialización para que no tuvieran los grupos profesionales poder porque pensaba que por ahí le iba a venir la competencia. Hubo un desmadre cuando nos echaron en el 1981, que también fue un desastre para el partido.

Pero el modelo de partido lo inventábamos nosotros. Cedíamos, quitábamos, criticábamos, etc. La organización era de una solidaridad infinita, de haber pasado lo mejor de mi vida luchando y haciendo cosas en todos los frentes. Siendo más culta, descubriéndome como mujer y teniendo que luchar en el partido, en el que eran todos unos machistas, que fue cuando me di cuenta que las mujeres no teníamos derecho, ni yo que me creía más roja que nadie. Eran experiencias que me han enriquecido en lo político, personal, humano, en relación a mi independencia y en feminismo. Por eso no tengo rencores. Hay otros que cuando no les ponen en una lista ya se vuelven de derecha de toda la vida.

P.- ¿Cómo fue la labor del PCE en los últimos años del Franquismo hasta su legalización?

R.- Estábamos en todos lados. Nosotros lo que queríamos era conseguir la democracia y los abogados, por citar mi ejemplo, poníamos el título. En mi caso defendía a presos políticos y a trabajadores en el Tribunal de Orden Público, en el Consejo o en las detenciones. El partido estaba muy introducido en el Colegio de Abogados, éramos más de cien del PCE.

Cuando había manifestaciones íbamos todos a ellas, apoyando a los obreros en sus reclamaciones. Si era en la facultad haciendo cursos o propagandas, como cuando en 1968, en la de Económicas, vino Raimon a dar un festival; o en el veinte aniversario de la declaración de derechos humanos, en el año 1968, en un acto masivo que se hizo en el Paraninfo de Sevilla y en el que estaba todavía Felipe de Isidoro entre el público. Y no era el principio de la Transición ni nada, que parece que estaba todo el mundo en París haciendo el mayo francés y aquí no salió nadie. Estuvieron los que vivieron exiliados. No es verdad que ninguno de todos estos participaran y menos los de aquí.

Para transformar una sociedad tenías que luchar en todos los frentes. Era una continua intervención mediante charlas, ocupando iglesias o peleando por los matrimonios, el padre Gamo casaba a todos los que querían hacerlo y no por la iglesia. Es decir, ocupaba toda una visión de la sociedad y luchábamos para que eso tuviera un reflejo rápido en la libertad. Combatíamos también por las elecciones, creando CCOO en la clandestinidad, antes de que fueran legalizados durante años.

P.- Llegaron los primeros comicios y no se consiguieron los resultados que se esperaban desde la formación.

R.- Yo no me llevé tal batacazo porque pasar de una Dictadura a votar al PCE era complicado. Todavía estaban muy vinculados a la guerra. Ellos pensaban que iban a tener muchos y sacaron veinte diputados. Cometieron el error de poner de cabeza de lista a todos los que se habían ido de sus sitios al extranjero. Es verdad que era gente sana y trabajadora, pero era para gobernar el país.

En las primeras elecciones era una cuestión de inteligencia de este país. El PCE creo que tenía derecho a esperar más, pero haciendo mejor las cosas. Entonces a mí no me lo pareció, la ilusión mía era ver a Dolores Ibárruri y a todos éstos presidiendo las Cortes con Alberti, de donde ella había salido para el exilio. Era emocionante pero no eran los que iban a dar la visión nueva del Gobierno, por lo tanto creo que el desencanto de entonces fue casi una exigencia de compensación de lo que habías hecho y no se puede hacer las cosas para exigir resarcimiento, sino para ganarte el respeto. Y en ese momento yo creo que lo teníamos, que hubo incluso intentos de no legalizar al PCE, porque incluso el PSOE quería que ellos lo estuvieran antes para poder trabajar más, porque también se temían que se iba a llevar todos los laureles el PCE, que era el que había estado toda la vida aquí luchando.

Me dio pena pero es que ganó la UCD, que no existía hasta tres días antes. Lo hizo porque la gente iba pasito a pasito. Luego tocaba la Constitución. Y cuando ya vino el golpe de Estado de 1981, que yo estaba en el Ayuntamiento de Madrid, es cuando la gente tenía más confianza, pero votó al PSOE porque en ese año el PCE se había cargado a todos los dirigentes más conocidos.

P.- ¿Qué fue lo que más le sorprendió de esos resultados electorales?

R.- Lo que más me impresionó es que Arias Navarro, que se presentó a esas elecciones, no saliera elegido, habiendo sido el que leyó el testamento de Franco. Los votos fueron a la UCD porque Suárez se había opuesto más a estas cosas y legalizó el PCE después del asesinato de Atocha. La gente estaba sensibilizada, pero en muchos sitios todavía existía el miedo, por lo que había los suficientes reparos para no pasar del Franquismo al PCE.

P.-  Por lo tanto influyó que no estuviera la gente joven que había trabajado por instaurar la democracia desde dentro del país.

R.- Ese fue un error de estrategia porque a todos los que habían estado fuera les haces un homenaje o les pones méritos de lo que quieras, pero si lo que tú quieres es tener iniciativa en el país debes contar con la gente que había estado aquí todo el tiempo, que era la que había estado metida en las fábricas, en los colegios de abogados, en todas las luchas y que la sociedad identificaba con un cambio. Si tú te vas al pasado, son personas respetabilísimas, pero yo me acuerdo que Víctor Manuel y yo estábamos en la Comisión Electoral de las primeras elecciones y empezaron a dar nombres y no conocíamos a ninguno, siendo dirigentes del partido. Era la gente que había estado todo el tiempo fuera y eso no me pareció una buena estrategia.

P.- A eso iba, a la planificación comunicativa de la formación. ¿Cómo la afrontó? Porque en resultados parece evidente que se equivocó.

R.- Hubo una estrategia que, frente a la falta de libertad, corrupción y una sociedad libre, nosotros teníamos las cuentas claras, fuera de los bolsillos, con mucha aceptación en las campañas y mucho movimiento. Pero el fondo del voto estaba equivocado porque se relacionaba mucho el pasado con un momento nuevo y eso fue un error de estrategia, en lo que era una forma de querer compensar a la gente del exilio. Para iniciar una actividad de gobierno debía tener una estrategia la gente que había estado en todos los sitios, en las cárceles, luchando por los derechos de la mujer, etc.

El partido tenía gente en todos los sectores, en toda la prensa, en la más progresista y en la más reaccionaria, por ejemplo en Pueblo había profesionales muy válidos, que militaban y ayudaron en todo lo que pudieron haciendo manifiestos, entre otras labores. Es decir, creo que teníamos suficientemente aprecio en tantos sectores que la estrategia debía ser movilizarlos. Pero si les pones a una gente que no vinculas con la lucha cotidiana aquí, con el esfuerzo que se ha hecho en la Dictadura, te encuentras con que les falta esa garra. El resultado fue que se formó un partido casi para las elecciones y otro para trabajar.

P.- Llegó la labor en las Cortes constituyentes. ¿Cómo fue esa legislatura?

R.- Yo no estuve en ellas. En el 1977 fui candidata a las elecciones generales en la circunscripción de Madrid pero no salí finalmente elegida.

Es verdad que las Cortes constituyentes primero fueron el esfuerzo para conseguir una Constitución. Era tal su importancia que el día que fui a votarla pedí un certificado porque me parecía que estaba haciendo historia. Decidimos no empezar a pegarnos otra vez tiros y hubo una confluencia de gente muy diversa para poder llevar adelante la Transición y para hacer una Carta Magna que yo he criticado mucho porque no había ninguna madre de la patria, eran todos padres, no sé como la habrán parido. Supuso un momento muy acelerado, en el que se dijo vamos a trabajar juntos en la Constitución para sacar al país de la cutrería en la que vivíamos.

Iniciamos una etapa que llevó a renuncias también por la izquierda, pero nos parecía que era muy importante. Quizá se fue un poco débil en la exigencia a los otros, en el sentido de la bandera o de un estado laico, muchos aspectos que se podían haber marcado porque entonces tenían más miedo y hubiera sido más posible hacer una sociedad democrática más abierta y no tan mezclada al pasado.

La tensión en el proceso constituyente fue muy grande,  posteriormente también con el golpe de estado, pero eso nos llevó a no querer empezar de nuevo sin marcar una pauta en común para poder ir a las constituyentes. Y a mí me pareció muy importante. Lo digo porque eran tiempos en los que nadie quería volver a vivir lo que había pasado en este país, pero luego no se supo compensar a la gente que había muerto por esa lucha.

P.- Y en los segundos comicios, los de 1979, en los que subieron tres diputados, ¿qué tiene que destacar? En este caso se presentó como el número ocho por la circunscripción de Madrid.

R.- Lo más destacado es que, después de una Constitución, se hicieron unas elecciones, de acuerdo a lo que ponía la Carta Magna.

P.- ¿Hubo cierta renovación en su partido?

R.- Hubo muchas disensiones en el partido. Aunque no nos alcance, se había ido Jorge Semprún o Ignacio Gallego. Había gente antigua que ya estaba peleándose entre ellos y entonces ahí se fueron más. Pero el hecho de que en la Constitución se renunciara a la república, se aceptara la monarquía y se cambiara la bandera, eso creó, entre los militantes antiguos, muchos problemas. Yo estaba menos afectada porque todo lo de la bandera no me ha parecido una cuestión de empeño pero sí que el reconocimiento de la lucha me parecía más importante.

En el 1979 en casi todos los sitios fue otra gente, no lo hizo ni Dolores Ibárruri ni Rafael Alberti ni nadie de esos. Pero en ese año, ya con la Constitución, al abrir los ayuntamientos ya se cambió el giro de la izquierda y entonces era enfrentarte a los de la derecha. Se vio en cómo Felipe González se metía con Adolfo Suárez, porque aún ganó éste. Ya en 1979 hubo más abertura y coincidió que al mes siguiente, que eran las municipales, cambió la estructura del país. Hubo cientos de ayuntamientos de comunistas y de la izquierda, vino el golpe militar que no cuajó y en la siguiente legislatura dejaron a UCD tirada y ganó el PSOE.

Por supuesto que habían hecho una transformación interna en el socialismo mucho mayor que la que había hecho el PCE, que luego la llevó a golpe de expulsión. Ahí hubo más apertura, ganamos en 1979 pero en el 1981 empezó a expulsar Carrillo a todo el mundo y ahí hubo una bajada de haber hecho las cosas mal. Creía que la disidencia tenía que estar siempre fuera y entonces lo que estaba haciendo era un partido de gente callada y cerrada que no le discutiera. Y esa fue su equivocación porque eso fue lo que llevó a perder en la sociedad. Y se lo he dicho, yo que he estado con él hasta dos días antes de morirse.

P.- La tesis versa sobre los contenidos personales, la forma de ser de los candidatos o los rasgos más relevantes de su vida. Vistos los ejemplos, ¿no habría sido mejor por parte del partido presentar más a su gente?

R.- Creo que los que presentaron eran todo buena gente pero eran personas que no habían estado aquí en la lucha por la democracia, sino en el exilio, que también fue importante y una vida muy dura. Entonces es verdad que había gente que tenía respeto. Es más, pienso que entre tanta flaqueza de líderes metes ahora a algunos de aquellos y ganan más que cualquier jovencito emprendedor que haya por allí.

En la primera convocatoria se equivocó la estrategia, mandando a todos aquellos que tenían un peso histórico, aunque había otros que no lo poseían, aún teniendo una vida muy dura. Yo sí que creo que hubo un mayor respeto a los líderes democráticos de entonces, incluso de cualquier partido, que el que había para otra gente.

P.- Me refería a los aspectos más personales: a conocer su vida, a qué se dedicaba por aquel entonces, etc. Un caso de ello fue los UCD informa, elaborados para las elecciones de 1979 por la formación centrista.

R.- Posiblemente esto lo tendrían que hacer porque no eran conocidos. La izquierda no lo era mucho menos, era mucho más que la propia UCD, que trajo una gente que no tenía ni arte ni parte. Yo tenía constancia de personas de UCD pero eran desconocidos. Lo que pasa es que estaba Adolfo Suárez y centró el voto de la derecha por encima del que presentaran.

Los casos que me citas son anuncios pagados y eso no es estrategia, si acaso una de campaña y de dinero. Nosotros no íbamos a hacer un anuncio en El País gastándonos un millón de pesetas para ponernos a nosotros. Lo que sí te digo que aunque fuera supuestamente más conocida la gente que había estado con el Franquismo, en la sociedad lo era mucho más la que había luchado por las cosas.

P.- ¿También de cara al global de la ciudadanía, no sólo en la capital?

R.- Por lo menos en Madrid y en muchos sitios, en los pequeños por otros aspectos. Pero sí creo que aunque parezca que son las personas lo importante también lo es la lucha de la gente. Por tanto, si tú tienes que hacer publicidad no me extraña que se gastasen el dinero en que los conocieran, porque no eran personas que habían estado en la lucha democrática. Habían estado en su sitio, no haciendo mal, pero es como si dices que yo me tengo que presentar por ese.

P.- ¿Cree que ayuda que se conozca a la persona en una campaña electoral?

R.- Las personas son fundamentales. Me parece que eso es esencial y los partidos han hecho que se crean que sólo por las siglas les va a votar todo el mundo. Por eso quieren que el escaño sea de ellos, como si los ciudadanos no representaran nada. Y tú puedes elegirlas, ponerlas, darles poder y estar gobernando.

P.- ¿Cree que los UCD informa les favorecieron a los candidatos de dicha formación?

R.- No creo. Las cosas pagadas obtienen un cierto valor, que tú los tienes que dar a conocer porque no se han dado antes; y tiene un contravalor, que te conozcan, aunque eso no aumenta el sentimiento de la gente ni la empatía.

Eso me parece muy bien pero si tiene que ser pagado había que priorizar los gastos. Lo pudo hacer UCD con ese presupuesto o lo podía haber el PSOE en 1982, que contó con ayuda de Alemania. De nosotros decían que teníamos el oro de Moscú, aunque se lo debieron llevar porque no teníamos el dinero.

Tienes que elegir pero ya te digo que creo que cuando uno hace eso es porque no es conocido y lo tienes que presentar. Y otros pudieron exhibir la candidatura con gente que todo el mundo sabía dónde estaba y lo que había hecho. Es muy distinto estar en la izquierda en un momento de Dictadura que donde estaba Suárez, que fue presidente de Televisión Española. Sabían que tenían que darse a conocer para dejar de confundirse con el Franquismo y nosotros no teníamos ni que disimular porque estaba claro.

P.- Una de sus apariciones más relevantes fue la Tertulia electoral en la que participó junto con el líder de Unión Nacional, Blas Piñar, de cara a los comicios de 1979. ¿Qué recuerdos tiene de ese día y de la portada de ABC con motivo de ello?

R.- Fui porque era cabeza de lista y me tocó ir a un debate por esa posición. Además se creó una tensión porque yo llegué y estaba la silla de mi lado libre. Era la única que lo estaba, todavía no había llegado Blas Piñar y estaba todo el mundo nervioso, pensando en lo que iba a hacer. O yo cuando se sentara a mi lado o él cuando lo hiciera.

Esa foto hizo más por la reconciliación que muchas otras acciones. Lo comentaba el otro día con Luis María Ansón, que no estaba todavía en ABC. Entonces parte de la democracia era dar la tranquilidad a la ciudadanía. Con el diálogo, no con el enfrentamiento. Yo era suficientemente conocida en todos los sitios y engendraba una persona que sabía todo el mundo que era del PCE, que iba a las elecciones, que era abogada, que había defendido a muchas personas en la magistratura, en todas las huelgas y que encima estaba luchando por los derechos de la mujer.

P.- ¿Notó más interés hacia su persona a raíz de su aparición en los medios?

R.- Más que por mediática, esta era una época proclive por la cantidad de acciones que realizábamos, ya que la mayoría de las veces no estábamos en la prensa. Estaba en los juicios que hacía, en magistratura, en las fábricas… Es decir, era una luchadora de la ciudadanía, no una persona mediática. Pero claro, entonces cuando había libertad ya nos llevaban a muchos más sitios. Yo he estado moviéndome en mítines, charlas, institutos y colegios. No mediática de ese momento, sino de lo que realizaba.

Eso hizo mucho. Me conocían pero porque he estado trabajando en los sitios. Me llevaban a un colegio a dar charlas a los jóvenes para hablarles de la igualdad o con los ancianos para contarles cosas. Yo he hecho mucha vida no sólo en las elecciones, en éstas cuando había que elegir yo era también una voz pensante. Y luego he tenido miles de programas, por ejemplo con Hermida. Empecé en La Clave y en muchísimos sitios, que siempre he ido a opinar, no a vender.

P.- Con la perspectiva del tiempo, ¿le repercutió favorablemente aparecer en los medios de comunicación?

R.- A mi sí. Pero no es aparecer en los medios, es que alguno se cree que una es mediática. El opinar en los sitios es una forma de comprometerme con la sociedad. Pero algunos, por ejemplo Ruiz-Gallardón, que he sido tertuliana con él varios años, cuando he estado en la Asamblea y él hablaba siempre el último, en todas ocasiones me soltaba una puya de mediática. Y yo he estado de tertuliana con él en La Ventana de la SER  con José Barrionuevo.

Opinar es distinto que ir a vender no se qué cosa. Yo no he ido nunca a vender nada de mi vida sino a dar opinión democrática. Y a mí eso me ha hecho que siempre me conozcan en todos los sitios y no porque sea una persona que sale en la televisión, sino porque hablo y digo lo que pienso. Eso para todo es bueno y es malo. Pero a mí me da igual porque elijo, no tengo que pedir.

P.- Ya para terminar nos centramos en el papel de la prensa. ¿Qué opinión le merece ABC a partir del fallecimiento del general Franco y del paso a una democracia?

R.- Son cambios relativos. En aquel momento era muy importante facilitar la democracia con un cierto tope. Y a mí me parece que la prensa, en general los medios de comunicación, son muy importantes cuando son capaces de trascribir también el sentimiento de la sociedad. El ABC no lo hizo directamente. Podía hablar de don Juan, como tenía siempre esa contradicción permanente entre él y don Juan Carlos.

Nosotros leíamos entre líneas algunas cosas porque había periodistas que, aun estando en ese medio, escribían así para que te enteraras. No era un hecho fundamental, era un periódico conservador de mucho tiempo, tuvo momentos de más compromiso en toda esa etapa pero representaba lo que representaba, que no era precisamente la democracia. La ayudó cuando supo que era un sentimiento ya colectivo.

P.- ¿Y las Tertulias electorales de ABC? Un producto novedoso, generador de debate en la sociedad.

R.- Hubo muchísimas tertulias en todos los sitios. En la campaña había una participación de todos en todo y la televisión lo reflejaba. Estos foros en otros lugares también se hicieron, como en las cámaras de comercio o universidades, pero en el ABC eran más importantes porque íbamos toda la gente. Luego no opinaban de todos lo mismo. Es decir, sabían a quien tenían que defender y a quien tenían que atacar.

Pero a mí sí que me parece importante que se refleje la opinión pública y la pluralidad de opiniones. Y esto tuvo su importancia aunque el resumen posterior del contenido de los foros tuviera sus más y sus menos. Por eso te digo que no me creo que tenga que ser de izquierdas o no, sino que tenga pluralidad.

En la actualidad, en nuestro país no noto que la haya porque todos los medios son de su padre y de su madre y todos en torno a lo mismo. Hay cada vez más manos y menos información.

P.- ¿Cómo vivió el surgimiento de El País? ¿Hacía falta un medio que actuara de altavoz del centro-izquierda?

R.- Como Cambio 16 o Interviú, que empezó a sacar chicas en pelotas, pero lo que comenzó a haber fue otra línea editorial e informativa que lo mismo te informaba de la chica boom que sobre un asunto de la corrupción. Y en El País necesitábamos una prensa democrática, no vinculada a todos los valores anteriores. Yo creo que incluso La Codorniz cambió de sentido.

Los medios fueron muy importantes, por ejemplo cuando salió El País, del que muchos éramos socios para sacarlo adelante. Ahora me parece un desastre. Hay una manipulación de los medios informativos y una falta de pluralidad informativa que es tremenda.

P.- ¿Qué relación tuvo la cabecera de Prisa con el PCE?

R.- Muchos estábamos y aportamos dinero. El partido en sí no. Pero Carrillo y otra mucha gente tuvieron su papel de líder político, que ahí sí que lo hacía. Poco le llevaban al ABC.

Me parece muy importante El País, no porque fuera de izquierdas, sino porque era moderno y democrático. Para periódico de un partido ya tenía Mundo Obrero. Parecía que la gente necesitaba no tener que leer entre líneas sino hacerlo abiertamente y que hubiera un mundo de opinión en torno a eso, que es lo que creaba la información.

P.- ¿Qué opinión tiene sobre el panorama de las revistas en España en aquellos años?

R.- Hubo un surgir importante. Incluso Triunfo, que estaba ya dentro del Franquismo, pero hacía sus pinitos democráticos; o Cuadernos para el Diálogo, en la que yo trabajé en 1964. Afloró incluso el humor satírico en El Hermano Lobo, como ahora está El Jueves.

El avance fue indudable. Ahora lo han hecho otras, las revistas del corazón. Pero de éstas cada vez hay menos.

P.- ¿El surgimiento de los periódicos en libertad les hizo mucho daño?

R.- Les hizo un daño relativo porque no cubrían todos el mismo espacio. Triunfo era muy importante para leer artículos culturales, no sólo políticos, que el periódico no tenía tanto. Pero ahora lo que lo hace es la desinformación global, aunque entonces la prensa con las revistas se combinaban bastante.

Y los artículos de Cambio 16 sobre montones de asuntos eran muy importantes. Eran revistas que salieron con mayor o menor suerte pero enseguida surgieron grupos editoriales.

P.- ¿Cómo valora la revista con mayor seguimiento en aquellos años: Cambio 16?

R.- Yo la leía todos los días, con José Oneto que era entonces el director. Y es verdad que la gente tenía una ansiedad de información que se fue acomodando. Al principio estábamos a la búsqueda de la democracia y la información política se quería tener y luego se tuvo, a parte, la necesidad de una información cultural.

P.- Y la última publicación del estudio es Triunfo.

R.- Era una revista que generaba confianza para todos. Si queríamos saber de cine íbamos a ella. Todo el mundo la leíamos para tener la orientación de gente en la que confiábamos sobre hechos que no conocíamos, como un teatro determinado o una obra. Buscábamos siempre esas publicaciones a donde teníamos que ir porque medio entre líneas siempre aconsejaba hechos culturales importantes de obras de teatro.

Todas estas revistas nos ayudaban a tener una visión democrática del cine y de todas las cosas. Yo me acuerdo de haberla leído siempre. Creo que el choque no fue tanto con los periódicos sino con la acomodación con la democracia que hicieron dejar de valorarlas. O se le dieron menos importancia. La democracia ha ido perdiendo en unos cuantos años y ahora mismo lo estamos viendo.

P.- ¿Qué relación tenía Triunfo con el PCE?

R.- El PCE estaba en todos los lados, pero no por dinero, sino por militancia. La mayoría de todos, Vázquez Montalbán incluido, eran gente del partido pero que eran periodistas fundamentalmente. Pero no por el poder del dinero, formaban parte por propio mérito del periodista y por la conciencia democrática que tenían aunque militaran en el PCE. Ninguno iba a vender la moto del partido pero todos lo hacían con la de la democracia.

Ese era el interés que tenían estas revistas porque creo que siempre la pluralidad y la libertad informativa es lo mejor para la sociedad. Y lo que llega menos son los monopolios de la información, como están ahora.

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(29 de noviembre de 2012 en la sede de ABA Abogadas)

 

 

Entrevista a Alfonso Osorio García

Madrid.- Hablar de Alfonso Osorio (Santander, 1923) es hacerlo, sin ningún atisbo de duda, de uno de los personajes más relevantes de los últimos años del Franquismo y los primeros de la Transición española. Es imposible comprender la vida política de dicho período sin referirse, de manera mucho más notoria que sucintamente, a este cántabro cofundador del grupo Tácito, vital en el proceso democrático.

Licenciado en Derecho, monárquico convencido, procurador en Cortes por el tercio familiar y consejero del Reino, el cénit de su vida política llegó con su tarea al frente del Ministerio de Presidencia en el primer Ejecutivo tras el fallecimiento de Franco y con la vicepresidencia segunda en el equipo formado por Adolfo Suárez, cuando asumió la máxima responsabilidad gubernamental. Con la libertad política, engrosó las listas de Unión de Centro Democrático (UCD) en un primer momento y las de Coalición Democrática (CD) en los segundos comicios, por las discrepancias con el presidente Suárez y ante el encargo de moderar los posicionamientos de Manuel Fraga.

Osorio constituye para la investigación un testimonio verdaderamente relevante. Con sus palabras se puede conocer los últimos años del Franquismo, los primeros de la democracia y la trayectoria de los partidos conservadores más importantes del período, UCD y CD.

Pregunta.- Una época muy destacada en su trayectoria fue la ingente labor del «Grupo Tácito», antes de pasar a labores ejecutivas en el Gobierno monárquico. ¿A qué se dedicaba ese conjunto de personas tan influyentes en ese período?

Respuesta.- En los últimos años del Régimen de Franco no estaba en la política activa en ningún cargo de representación, pero había fundado, con Abelardo Algora en la Asociación Nacional de Propagandistas, el Grupo Tácito. Lo formábamos fundamentalmente gente de la asociación y algunos que no lo eran. Estaban Marcelino Oreja, Landelino Lavilla, Íñigo Cavero en la primera parte, aunque luego se apartó, etc. Y publicábamos un artículo semanal en Ya, que luego también se introdujo en todos los periódicos de la cadena de la editorial católica y en los de Colpisa, de manera que tuvo una difusión y una influencia muy grande.

Desde ahí hasta la muerte de Franco, en el primer Gobierno de la Monarquía yo fui ministro de la Presidencia y dejé de intervenir, como es lógico, en el Grupo Tácito, aunque tenía un contacto constante y permanente conmigo. En ese momento hizo un documento muy importante que entregué personalmente al Rey sobre lo que nosotros considerábamos que debía de ser la evolución política de España. Texto que me entregó José Luis Álvarez y que transmití personalmente al Jefe de Estado. Es obvio que  conocía el documento antes de su elaboración.

P.- Falleció el Generalísimo Franco y usted entró a formar parte de los dos primeros Gobiernos del nuevo sistema político, de nuevo en Monarquía, primero con Arias Navarro y después con Adolfo Suárez.

Estuve en el primer Ejecutivo, donde entable una muy buena y gran amistad con Adolfo Suárez. Y luego en el segundo Gobierno, primero de Suárez, fui vicepresidente político. Había dos, uno militar, que primero fue Fernando de Santiago y luego fue Manuel Gutiérrez Mellado, y uno político que fui yo.

En ese segundo período elaboramos la Ley para la Reforma Política sobre un texto inicial que había redactado Torcuato Fernández Miranda, pero existiendo diferencias notabilísimas entre lo que redactó Torcuato y lo que apoyamos definitivamente, puesto que el original contemplaba dos cámaras, una elegida por sufragio universal, el Congreso, y una corporativamente, que sería el Senado, con la particularidad de que ésta última era la decisiva en los casos en los que hubiera discrepancias entre ambas. Ese precepto fue eliminado en la comisión que se formó al efecto y naturalmente optamos por un Senado elegido por sufragio universal directo y secreto y además eliminamos también el principio de que impusiese su criterio sobre el Congreso de los Diputados.

Se celebró la sesión parlamentaria con las Cortes de Franco para que aprobasen la Ley, lo hicieron, la sometimos a referéndum, se aprobó, y ya sobre esa base se habló con los distintos partidos políticos de la oposición llamémosla democrática, caso del PSOE, PCE, etc.

P.- ¿El cambio del vicepresidente militar a qué fue debido?

R.- Fernando de Santiago, que era una gran persona y un caballero, era un hombre del viejo Régimen de la cabeza a los pies. La reforma política la comprendía pero no la acababa de asimilar. Nosotros estábamos avanzando por dos caminos distintos, uno por la transformación política y otro, que lo hacía Enrique Mata como ministro de Sindicatos, por la sindical. Es decir, esta última organización del Régimen de Franco se había ido al garete, sobre todo después de los sucesos de Vitoria, y estaba naciendo, cada vez con más fuerza, CCOO y UGT.

A Fernando de Santiago lanzar la reforma política y la sindical al mismo tiempo le parecía demasiado y entonces le planteó a Suárez que no se podía seguir por ese camino, a lo que el presidente le aseguró que iba a hacerlo. El ministro le dijo que si se iba por ahí él no podía estar en ese Gobierno y presentó la dimisión, Suárez la aceptó y nombró a Manuel Gutiérrez Mellado. De manera que no tuvo nada que ver con el PCE. La legalización vino mucho después, tras haberse aprobado la Ley de la Reforma Política y de haberse celebrado el referéndum.

P.- ¿Hasta qué punto fue cierto el hecho de que usted propusiera una gran parte de los nombres del primer Gobierno de Suárez? Es de sobras conocido que estaba costando componerlo.

R.- Es tan cierto como que estamos aquí. Yo le propuse a Marcelino Oreja, Landelino Lavilla, Enrique de la Mata, Andrés Reguera, Leopoldo Calvo-Sotelo y José Lladó. Eran ya ministros Francisco Lozano y Carlos Pérez Bricio. Al de Trabajo, Álvaro Rengifo, no lo planteé yo, lo hizo directamente el Rey. Después, para ministro secretario general del Movimiento no tenía nombre, lo designó Suárez, y el de Agricultura, que fue Fernando Abril Martorell, lo eligió él mismo porque era muy amigo suyo. De manera que realmente a casi todos los miembros del Gobierno los propuse yo y además los llamé para concertar una entrevista con el presidente.

P.- En las primeras elecciones no fue candidato por ninguna formación, a pesar de ser cercano en aquel tiempo a la UCD. ¿A qué se debió?

R.- En esas elecciones del año 1977 no fui diputado porque el Gobierno tomó la decisión, que apoyé incondicionalmente y hubo muchos miembros que no estaban de acuerdo, de incompatibilizarnos. Habíamos declarado, al iniciarse el curso de ese Ejecutivo, que nos considerábamos legítimos representantes para el cambio y por lo tanto creía, al igual que algunos, que debíamos estar fuera de la lucha política de 1977. Pero el Rey me nombró senador real e incluso pretendió que fuese presidente del Senado por UCD, que había fundado con Suárez, pero dije categóricamente que no porque naturalmente un senador elegido por el Monarca, cuando se iniciaba un proceso democrático, no era lo adecuado.

P.- ¿Cómo fue su labor como senador real? ¿Era más un cargo simbólico que poseedor de gran contenido?

R.- Era una responsabilidad más simbólica. Ahí tuvimos una actividad muy importante que no prosperó por la falta de visión política de Abril Martorell, que no entendía el problema vasco. Todos los senadores, incluso los militares, que eran tres, hicimos una propuesta de solución para la situación en relación con las leyes políticas e históricas del pueblo de esa Comunidad y fue una enmienda que aceptó el PNV. Pero, sin embargo, el ministro lo hizo imposible y tengo que decir que fue una pena.

Luego los senadores reales en conjunto intervinieron en algún asunto pero ya la Constitución estaba prácticamente hecha.

P.- De esta legislatura dos cuestiones: ¿cuál fue su papel personal en la elaboración de la Constitución y por qué no entró en un nuevo Ejecutivo si continuaba el presidente del Gobierno en su cargo?

R.- Con relación al primero de los interrogantes planteados, participé relativamente poco en la Constitución porque en el Senado, como era una cámara de segunda audiencia, teníamos poco que decir.

De la segunda cuestión, la razón fue muy sencilla y clara. Suárez, que pensaba que iba a obtener la mayoría absoluta, yo no lo creí nunca, me dijo que iba a gobernar en centro-izquierda, por lo que tuvimos una conversación muy simpática pero muy clara en la que le dije claramente que yo no era de esa ideología, que no lo había sido en mi vida y que no lo pensaba ser. Él me respondió diciendo que yo era un socialdemócrata, lo que negué claramente y pusimos punto final.

P.- ¿Ese fue su motivo para salir de UCD?

R.- Habíamos tenido ya una discrepancia bastante profunda sobre la forma de ver la organización del Estado. Yo soy santanderino, estaba casado en mi primer matrimonio con una vasca, por lo tanto era vecino de ellos, conocía muy bien su historia y le dije que el problema que teníamos en España era el vasco y el catalán. Y eran los dos que había que resolver en lo que se refería a la territorialidad. Pero Suárez no era muy partidario de solucionarlo. Yo le dije cuarenta veces que había que traer a Josep Tarradellas para que actuase como árbitro en la Transición final y el que le comentó que el Rey tendría que haber ido a Guernica a devolver los conciertos económicos, por cierto con el apoyo del ministro de Hacienda, nunca ese cargo había apoyado eso, pero Marcelino Oreja también era medio vasco.

Pero no hubo forma de convencerle. No entendía ni el problema catalán ni el vasco. Consideraba que había que hacer una organización, que él todavía no llamaba así, pero de café para todos. Y a mí me parecía una estupidez porque, naturalmente, en el momento que hubiera una autonomía generalizada, Andalucía querría tener el mismo nivel que Cataluña, entonces Cataluña querría tener más y entrábamos en una espiral diabólica de la que no saldríamos nunca. Como ha pasado.

Basándonos en el hecho de querer gobernar en centro-izquierda y en el tema de las autonomías, yo me fui alejando poco a poco hasta que me marché, aunque Suárez me nombró consejero presidencial.

P.- ¿Qué motivos hubo para pasar a una formación más conservadora de la que había fundado y apoyado inicialmente?

R.- Quien podía decírmelo, no quiero dar su nombre, me comentó que ya que me había separado de Suárez moderara a Manuel Fraga. Y allá que me fui a hacerlo en CD, junto con José María de Areilza, y a sacarle de las posiciones extremistas que había tomado al principio. Fraga era intelectualmente un hombre de centro aunque temperamentalmente no. Era el gran problema.

Creamos CD, para lo que hice una formación que se llamaba Partido Demócrata Progresista (PDP), que fue una birria, y obtuvimos un resultado peor que el que había cosechado AP. Pero lo cierto es que, las cosas como son, ese principio de partido de centro-derecha poco a poco fue cuajando y en las elecciones de 1982 se dio la vuelta y el electorado de dicha ideología volvió hacia lo que era CD, yéndose UCD por el escotillón. Leopoldo Calvo-Sotelo, que era el presidente del Gobierno, no salió elegido diputado.

P.- Ha hablado del PDP que tuvo que fundar para pasar a formar parte de CD. ¿Qué ideología defendía este partido?

R.- Del PDP mejor no hablar. Era una formación democristiana pero no vinculada a la Iglesia. Era lo que quería ser pero fueron unas siglas que se fundaron casi en vísperas de las elecciones y salí yo, de los demás ninguno. Fue un pequeño desastre.

P.- ¿Por qué se fue de CD, denominado en la actualidad PP?

R.- Estuve una larga temporada, primero se llamaba AP y luego PP, hasta que me aburrí de caciqueos, zancadillas y sapos y me marché allá por el año 1990. A partir de ese momento no quiero saber nada de la política.

P.- En la segunda legislatura, la transcurrida entre 1979 y 1982, ¿se comenzó a ver que la UCD era una coalición de partidos insostenible?

R.- Rodolfo Martín Villa, Suárez y yo queríamos plantear la UCD como un partido de centro-derecha. Me acuerdo que le dijimos al presidente que le había tocado representar en esta gran obra del mundo un papel determinado y era el del centro-derecha. Además debía ser de una tipología que se pudiera desarrollar en Europa. A Felipe González le tocó el centro-izquierda y a Carrillo otra posición.

Pero él empezó a incluir en el partido una serie de gente que venía del llamado partido de Francisco Fernández Ordoñez que verdaderamente eran socialistas de pensamiento y formación, no de militancia. Todos terminaron en el PSOE. Pero como por entonces no tenían oportunidad en el partido que se estaba formando alrededor de Felipe González y del clan de Sevilla, Suárez y Abril Martorell los metieron en UCD.

Una vez se produjeron las elecciones, se empezaron a ver discrepancias muy serias entre el sector derechista y el izquierdista de la formación. Incompatibilidades que se manifestaban en las reuniones del partido o del Gobierno, y que terminó acabando con UCD.

Recuerdo que le escribí una carta a Adolfo Suárez cuando estaba en el partido en la que le decía que como no se diera cuenta de cuál era su electorado le iba a estallar entre las manos. Y le estalló.

P.- ¿UCD fue concebido como un partido para un momento determinado o para perdurar en el tiempo?

R.- Hay dos teorías. Leopoldo Calvo-Sotelo consideraba que UCD era un partido que se pensó ocasionalmente para cumplir una misión. Yo, por el contrario, al igual que Martín Villa, opinaba completamente lo contrario, que debía de ser el germen de lo que después ha sido el PP. Yo estaba pensando en un partido como el popular, Fernández Ordoñez, Calvo-Sotelo y Abril Martorell lo hacían como una solución oportunista para ganar las elecciones. No nos engañemos.

P.- En los comicios de 1979 CD tuvo unos resultados muy malos, alcanzando sólo nueve diputados. ¿A qué se debió?

R.- A que Suárez hizo un quiebro político electoral muy inteligente, hay que reconocerlo. Él se había puesto como meta gobernar en centro-izquierda y quitarle el electorado a González. Cuando se acercaron las elecciones y tuvo las encuestas sobre la mesa, se dio cuenta de que eso no le resultaba rentable y que tenía que quitarle votos a AP, no a los socialistas. Por ello dio un giro.

Suárez era un gran experto en los discursos televisivos, sobre todo porque los preparaba muy bien, y viró hacia la derecha diciendo que la amenaza era el socialismo, que venía la izquierda, los rojos y se llevó medio electorado de AP. Lo hizo muy bien y Fraga, desgraciadamente, muy mal.

P.- ¿CD no supo transmitir su ideología o adaptarse a las nuevas circunstancias?

R.- Areilza y yo lo intentamos pero el electorado de AP no nos entendió y, por otra parte, los votantes de centro-derecha de AP, que había, al ver el cambio de posición de Suárez se fueron con él. Por tanto el partido se rompió en dos, unos se fueron con el presidente y otros se quedaron con el líder de CD.

Me acuerdo que tuvimos una conversación en el despacho de Fraga en la que decía que habíamos perdido y fracasado, y que se iba a ir. Nos dijo a Areilza y a mí que nos quedásemos, a lo que le respondimos que nuestro posible electorado se había ido con Suárez, que el que se había quedado era el tuyo y, por lo tanto, debía continuar.

P.- Mi tesis profundiza sobre los aspectos personales de los candidatos en las dos primeras elecciones. ¿Considera importante conocer esos datos?

R.- Si claro. Por ejemplo en mi caso, yo era un monárquico constitucional que estaba convencido de que la monarquía era el régimen ideal para España. En mi primera fase universitaria estaba en unas posiciones bastante contrarias al Régimen y fui evolucionando poco a poco porque llegué a la conclusión, con algunos amigos míos, de que o Franco traía la monarquía o no vendría. Y entonces había que jugar dentro del Régimen para poder traerla.

En el momento en el que falleció el Caudillo volví a mis puntos de origen. Pero eso le ha pasado a mucha gente también, a personas que colaboraron con el orden establecido entonces y lo hicieron porque creían que no había otra solución, ya que opinaban que derribar a Franco enseguida era imposible. Y, sin embargo, había otros ciudadanos que pensaban muy seriamente que el Sistema podía continuar in eternum, aunque esos fueron barridos por la evolución democrática y, aunque se presentaron a las elecciones, en una primera fase sí salieron elegidos algunos, pocos, y luego ya desaparecieron.

Hubo además otros, por ejemplo, desde el campo de falangismo. Martín Villa era un evolutivo típico, pero jugando desde dentro de las estructuras del Régimen, y Suárez no era un falangista común, le gustaba la política, quería hacer carrera y la hizo en su juventud dentro de lo que había, pero no consideraba que aquello fuese definitivo.

P.- También existían los que consideraban que no se podía participar en el Sistema.

R.- Ha habido otros, muy amigos míos, que pensaban que no se podía colaborar bajo ningún concepto con Franco y mantuvieron siempre una posición contraria, caso de Íñigo Cavero o Fernando Álvarez de Miranda, que bajo ningún concepto aceptaron ninguna cooperación.

Hubo de todo. Lo que pasa es que al final del Régimen, a partir de los años setenta, había una tertulia colectiva. Es muy poco acertada la expresión pero es muy fácil de entender. Hablábamos todos con todos. Los que estábamos en una posición evolutiva, dentro y fuera del Régimen, conversábamos con todo el mundo. Yo recuerdo muchas comidas en las que había gente del PSOE o de la democracia cristiana. Dialogábamos con gran fluidez en Barcelona, yo iba con alguna frecuencia alrededor del círculo de economía de la ciudad condal, que dirigía entonces Carlos Ferrer y Joan Mas Cantí. De manera que había una especie de tertulia colectiva.

P.- ¿No les faltó a ustedes, a los socialistas y a los comunistas presentarse más al electorado, cómo eran, su trayectoria…? Los primeros espadas eran conocidos pero no los que iban detrás, por ejemplo Alfonso Guerra en el PSOE.

R.- O de la vida de los Solana, que eran muy amigos míos.

P.- ¿Y le ayudó a Suárez el conocimiento de su personalidad e, incluso, de su familia? Ésta última tenía mucho protagonismo en la revista Hola.

R.- Lo que pasa es que Suárez era muy amigo del propietario y director de Hola. Y por eso salió bastantes veces cuando fue vicesecretario general del Movimiento o director general de Televisión Española. Le ayudó muchísimo en su carrera.

P.- ¿Cree que en aquellos años la gente demandaba ese tipo de información? Referirse al hecho de conocer mejor a sus dirigentes políticos o a los aspirantes a serlo, como complemento a la especificación del programa.

R.- Yo creo que poco. Hubo una serie, que yo no me acuerdo quien la publicó, que se llamaba Políticos para el futuro, en la que aparecieron muchísimos personajes, entre ellos yo. Eran unas revistas que se vendían en los quioscos, las realizó creo que Joaquín Bardavío y se publicaba todas las semanas, pero creo que fue un desastre, que no se vendió o lo hizo poco. Recuerdo que estaba Manuel Fraga, Federico Silva, Felipe González, Alfonso Guerra no lo recuerdo, José Miguel Ortí Bordás, Rodolfo Martín Villa, Federico de Carvajal, los Solana creo que no salieron, o Rovira Tarazona, que fue luego ministro con Adolfo Suárez.

P.- Del triunvirato de CD, Fraga, Areilza y usted, ¿considera que eran los tres perfectamente conocidos para el electorado?

R.- Fraga era suficientemente conocido, había sido ministro y embajador en Londres; Areilza también lo era, había sido embajador en Washington, Buenos Aires y París, y luego había sido jefe de la secretaría de don Juan; y con respecto a mí más o menos, pero no mucho. Yo realmente, en esa primera época, salvo el tiempo que fui subsecretario de Comercio o presidente de Renfe, no había ostentado cargos públicos. Primero había hecho las oposiciones a abogado del Estado, luego me había dedicado al mundo empresarial y estaba en el mundo del petróleo, en Petromed. Por lo tanto era conocido, pero el menos de los tres, aunque, por otra parte, también era el más joven.

P.- En las elecciones de 1979 se publicaron unos anuncios bajo la denominación de UCD informa, que eran unas entrevistas a candidatos políticos con alto contenido personal. ¿Cree que les ayudó en estos comicios en los que se partía, incluso al principio de la campaña y según algunas encuestas, en un empate técnico con el PSOE?

R.- Creo que sí les ayudó aunque considero sinceramente que lo que más lo hizo, a unos y otros, lo que fue decisivo en las elecciones, tanto de 1977 como las de 1979, fue la televisión. Es decir, su uso como arma electoral. En primer lugar no había habido elecciones en España en mucho tiempo pero el descubrimiento de la televisión en la campaña fue verdaderamente trascendental.

P.- En ese sentido había mucha polémica con el reparto de espacios publicitarios y su ubicación en la primera o la segunda cadena.

R.- Lo que pasa es que algunos los utilizaban muy bien, Suárez lo hacía maravillosamente bien, y otros la empleaban muy mal, Fraga lo hacía fatal. Porque Suárez lo hacía a conciencia de cómo tenía que ser su intervención televisiva, se aprendía el discurso, si podía lo repetía hasta que saliese bien; y Fraga con su potencia creía que no tenía que preparar nada, que iba a salir todo muy bien, y no se daba cuenta de que la televisión era un arma potentísima en aquel instante. Ahora ha perdido mucha relevancia, pero entonces era importantísima.

De los otros líderes principales, Felipe González cuidaba muy bien ese medio y Santiago Carrillo también.

P.- ¿Y por qué, con lo bien que aparecía en televisión el presidente Suárez, no aceptó ningún debate en televisión?

R.- Porque nos tenía miedo por una razón sencilla: era capaz de estudiarse, prepararse y elaborar un discurso que luego lo interpretaba muy bien pero tenía un gran temor a la confrontación directa con otro personaje. Es decir, a Suárez le costaba improvisar y a González no. Entonces él sabía que estaba en inferioridad en el caso de que se produjese un debate y por eso no lo aceptó nunca. Le comprendo perfectamente.

P.- Que UCD hiciera estos productos anteriormente citados ¿a qué se debe? Mayor cantidad de recursos económicos, una visión diferente de la contienda electoral…

R.- Yo no le doy demasiada importancia a ello. Tanto es así que el presupuesto de UCD en 1977 y el de CD en 1979, que son los casos que viví, se gastaba absurdamente. Creo que casi todos los partidos derrocharon el presupuesto de una manera digamos que estúpida. Para aquella España de 1977 y 1979 existía una especie de mirada embobecida hacia lo que eran las campañas electorales de Estados Unidos, como los carteles o las grandes concentraciones, no dándose cuenta de que allí eso es una parte muy pequeña. Allí el candidato va a buscar el voto persona a persona y en la calle, aquí no se ha hecho nunca y sigue sin hacerse prácticamente.

En cartelería se gastaban cifras absolutamente increíbles. Hasta el punto de decir que como puede usted tirar tanto dinero en una estupidez tan grande como los carteles de las grandes avenidas de las ciudades, en las que se peleaban unos y otros. En el tramo de la Castellana aparecía UCD y en el siguiente el PSOE. Pero si la gente desde el coche no los miraba, si les importaba un pito.

Las cuñas en la radio tenían más eficacia. Eran caras y, efectivamente, los partidos políticos estaban en función del presupuesto. Algunos tenían uno muy amplio y otros uno más pequeño. Pero luego los mítines electorales, por ejemplo, o las intervenciones en la televisión pública valían muy poco dinero.

P.- Un ejemplo similar es el único caso encontrado de su formación, en la que se entrevistaba a Ramón País sobre aspectos meramente informativos y que apareció en El País. ¿Por qué sólo un caso y no a uno de los tres principales personajes?

R.- Probablemente saldríamos todos. Pero no lo leía nadie.

P.- Durante la investigación de mi tesis, tomando como fuente los medios ABC, El País, Cambio 16 y Triunfo, fue el único caso encontrado.

R.- Habrá más, seguro.

P.- Después de la recopilación hecha en toda la investigación se vislumbra que únicamente Fraga, de los tres principales líderes de su partido, aparecía en los medios para detallar aspectos personales. ¿No quisieron aparecer o no lo consideraron oportuno los medios de comunicación?

R.- La personalidad de Fraga era tan particular que naturalmente quitaba de en medio a todo el mundo. Eso es así.

P.- Otro caso de personalidad fue el artículo publicado en Cambio 16 para profundizar en la incorporación de la mujer a la política, en la que la representante de CD fue Marta Pastor.

R.- La verdad, con toda la sinceridad, no me acuerdo de ella.

P.- Para concluir, ¿qué podría decir del papel de la prensa en aquellos años de la Transición española?

R.- Muy importante. Desde el punto de vista de periódicos en su edición de Madrid, a mi juicio y por este orden, el que más influyó fue El País, después Ya, que apoyó mucho a UCD, tras él ABC y Diario 16 el que menos. En Barcelona creo que fue La Vanguardia la que más lo hizo.

Y en las revistas fue Cambio 16 más que ninguna. Y Cuadernos para el Diálogo, que fue el más combativo contra UCD curiosamente, creo que tenía una tirada más bien corta.

P.- Por medios, ¿cómo fue el cambio de ABC de la Dictadura, de la que era relativamente cercano, a la democracia?

R.- Para ABC era un cambio natural por una razón muy sencilla: porque no era el cambio de una dictadura a una democracia, sino que era el cambio de una dictadura a la monarquía. Y naturalmente bajo las alas de la monarquía ABC metió todo.

A parte de eso es evidente que ABC tuvo una época en el Régimen, en la que dirigió el periódico Torcuato Luca de Tena, con Gonzalo Fernández de la Mora de principal colaborador y principal auxiliar porque era íntimo amigo de Torcuato, de defensa de la democracia frente a la Dictadura que nadie se lo cree ahora, teniendo en cuenta que Fernández de la Mora ha sido uno de los representantes más claros de la derecha autoritaria. En aquel período recuerdo que no se podía decir el nombre de Franco delante suyo.

En esa época con Torcuato la posición era muy abierta. La censura le sacudió bastante y ya se apaciguó. En el momento en el que se produjo la muerte de Franco ya cambió y con la Monarquía democrática ellos representaron, como es lógico, la derecha.

P.- Uno de sus productos más destacados en las campañas electorales fueron sus reputadas tertulias.

R.- Eran muy entretenidas porque además había una mezcla muy curiosa de políticos y de folklore. Intervine bastantes veces en este tipo de tertulias pero recuerdo una en la que estaba una paisana mía que se llamaba Mercedes Alonso, que era una actriz muy famosa de la época, muy guapa y simpática, y la alegró mucho. Participaba todo el mundo, aunque creo que el PCE no.

P.- Los comunistas, en las relativas a las elecciones de 1977, no tuvieron a ningún representante, pero en las de 1979 sí (mientras le enseño la portada en la que aparecieron Blas Piñar y Cristina Almeida).

R.- Me acuerdo perfectamente de esta portada como si la estuviese viendo.

P.- Ha hablado de El País como el medio más importante del período. ¿Atendía a la necesidad que tenía el centro-izquierda de tener un rotativo de dichas características?

R.- Lo curioso de El País fue que lo fundó el centro-derecha. Yo estuve a punto de ser accionista y no lo fui porque no estaba en buen momento económico, sino lo hubiese sido y me hubiese hecho riquísimo porque todos los fundadores ganaron muchísimo dinero. Era muy amigo de Pancho Pérez, el socio y amigo de Jesús Polanco, santanderino y cabeza económica del líder de Prisa. Estaban muy interesados en que interviniera.

El director del periódico iba a ser Carlos Mendo, estaba decidido. Y en una de esas salidas particulares de Fraga, teniendo en cuenta que Mendo era íntimo amigo suyo, decidió que no fuese él y sí Juan Luis Cebrián porque había sido director de informativos en TVE en el Régimen y además era hijo de otro íntimo amigo, un falangista muy simpático y muy inteligente, pero tremendo. Y nombró a Cebrián, sin saber que militaba en el otro bando. Luego El País lo hicieron muy bien, lo estudiaron muy bien, analizaron muy bien la prensa internacional y realmente alcanzó en seguida una influencia enorme.

Además Fraga puso como condición para ser ministro con Carlos Arias que saliese El País. Fue un periódico para Fraga que se le escapó de las manos.

P.- ¿Cree que El País se le adelantó a Cambio 16 a la hora de sacar el diario y eso provocó que el éxito fuera a la primera cabecera y no a la segunda?

R.- No lo creo. El País fue un periódico que lo meditaron muy bien, muy estudiado en todas las cuestiones, en las económicas, en su proyección editorial, en el tipo de periódico que había que hacer, etc. Es decir, hay que reconocer que Polanco, Pancho y todos hicieron un trabajo muy bueno. Otra cosa fue la proyección periodística. Pero técnica y económicamente El País estaba muy bien.

Por su parte, Juan Tomás de Salas era muy inteligente desde el punto de vista de proyección periodística pero económicamente no tenía los pies en el suelo.

P.- ¿Qué relevancia tuvieron las revistas?

R.- La que más importancia tuvo fue Cambio 16. Cuadernos para el Diálogo era más elitista y tenía menos tirada e impacto. Era una revista que los políticos la leíamos todos, pero, sin embargo, Cambio 16 la leía todo el mundo, estaba muy bien hecha y tuvo la habilidad de no ser sólo política, sino que también tenía otras secciones que a la gente le interesaban. Y como estaba muy bien hecha tuvo un gran éxito.

P.- Triunfo era una publicación completamente diferente a la otra revista.

R.- Lo leía bastante, aunque no diré que asiduamente. Era una buena revista, más divulgativa. A mí me gustaba pero me parece que no era una revista para la gran masa. Yo no creo que Triunfo tuviese gran éxito en los quioscos. Me da la impresión.

VLUU L210  / Samsung L210

(Celebrada el 29 de noviembre de 2012 en su domicilio)

Abstract

The arrival of democracy in Spain in 1977 marked the beginning of a new era in our country. Almost forty years of dictatorship were left behind along with the days in which expressing a contrary view to that of the established order was considered to be a dangerous objective -to say the least- due to the consequences it might have brought. There was only one accepted opinion whereas discrepancies were either kept silent, forced to struggle underground -with the hope of sowing a seed that might result in a change in the system one day in the not too distant future- or forced into exile.

The date of 20th November 1975 marked the initial event of a changing process that led to the general free elections almost two years later on 15th June 1977. After the elections, the main tasks of the Spanish political class consisted in providing a supreme legislative framework -embodied in the Constitution passed in the last month of 1978- for the new system of liberties introduced in Spain.

Once the situation was fully protected within a regulatory system recognising the basic fundamental rights of the individual -a utopian aspect not so long ago-, it allowed for democratic life in the country to develop through the normal channels which characterised this type of organisation, in the image of neighbouring states that were more developed in this regard. In view of this, the second general elections of the Transition, held on 1st March 1979, were intended to provide a sense of normalcy to a situation that had not been such in recent times due to the enormous transformations addressed on all levels.

Freedom was already a reality and the first two polls confronted a large number of political parties. Some of them were newly founded whereas others had very extensive experience. All were personified in leaders with diverse lives and backgrounds. The press emerged as the perfect loudspeaker for performing an educational role at the polls, for displaying the parties’ political programmes as well as the personal traits of the candidates, which played a fundamental role in society’s voting choice.

It is precisely these last elements which are analysed in the present doctoral thesis using the press issues dedicated to the election campaigns in two daily newspapers; ABC and El País and in two weekly magazines; Cambio 16 and Triunfo. The four of them provide a good example of written journalism during those years. Furthermore, the investigation is supplemented with interviews with relevant people of the time, from a journalistic and a political viewpoint. The journalistic scope is provided by Manuel Campo Vidal, José Javier Aleixandre, Pilar Urbano and Manuel Vicent; the political scope is provided by Joaquín Leguina, Cristina Almeida, Alfonso Osorio and Rodolfo Martín Villa.

Contents of the research

Covering such a unique period in Spain, in which many of its orders became modified, obliges us to offer a sufficiently wide-ranging theoretical framework that will allow to acquire a deep understanding in several of its main areas, an understanding that is necessary for this type of research. We refer to general history, to the history of journalism and the history of legislation in printed media. We supplement the latter with a specification on the interview genre and the relevance of political communication in periods such as the one under analysis as well as political campaigns. All this will provide a context for a later analysis in which the specific themes of both elections, addressed separately, will serve as an introduction into the study of all the journalistic products worthy of mention due to their outstanding human contribution.

The twofold historical perspective allows to make a detailed description of the situation in which a majority of orders were being substantially modified. From the death of the Generalissimo Francisco Franco until the date of the second call to the ballot boxes for general elections, several events changed the course of the country. Just a few examples are; the coronation of King Juan Carlos (22nd November 1975); the change of the Government Presidency from Carlos Arias Navarro to Adolfo Suárez (3rd July 1976); the approval, not without effort, of the Law of Political Reform (18th November 1977); the beginning of negotiations with the opposition (11th January 1977) leading to the legalisation of the Communist Party in Spain (9th April 1977); the first free general elections in forty years (15th June 1977); the election of a meeting to draft a constitution (1st August 1977) and; the approval of the Magna Carta in Parliament (31st October 1978) and its approval by the Spanish people in a referendum (6th December 1978). During those three years practically no essential aspect remained unchanged regarding the Dictatorship -and the media was no exception to it.

As will be appreciated during the research, the link between the historic events, which have a direct influence on the recognition of rights, and the legislation of the period is the key aspect in the implementation of one journalistic model or another. From the Restoration until that moment, Spain had lived through a certain a number of experiences in supposedly democratic systems such as those mentioned in the late 19th and early 20th centuries, two republics, two dictatorships and a civil armed conflict, right up to the democracy we know today. In this context, the freedom of the press along with the freedom of speech had experienced peaks and lows, which allowed the media to perform their task with more or less difficulties. A number of periodicals were to adapt and modify their product according to the new situation: the ABC newspaper, with its conservative and monarchist tendency, founded on 1st January 1903, which introduced at the time a renovation to the more archaic broadsheet headlines; El País -which must necessarily be considered the newspaper par excellence during the Spanish Transition-, born in the new democratic era from a study which led to a modern media exemplifying the new times, Cambio 16; the most important magazine during the end of the Dictatorship and the beginning of democracy, offering a language and informative style that changed anything known to date and which included the undeniable relevance of Juan Tomás de Salas and; Triunfo, originally a film magazine that eventually evolved into a progressive weekly paper with extensive and popular articles and a strong link to national politics and international information thanks to the work of people such as José Ángel Ezcurra, Enrique Haro Tecglen or Manuel Vázquez Montalbán, as may be appreciated in his own stories.

The different Constitutions are a good example to assess the situation but the specific press laws, within the journalistic field analysed in the present doctoral thesis, are more relevant to this issue. A large variety of laws have been passed since the distant times of the Restoration -an example of which are the Constitutions of 1879 or 1883- but the most relevant pursuant to this study is the law known as Ley Fraga (Fraga Act) of 1966. The Fraga Act superseded the legislation of 1938 developed by Ramón Serrano Súñer in the heat of the Civil War which set stringent control mechanisms such as prior- and a posteriori censorship, the election of the newspaper director and many more.

The 1966 Act introduced a step forward that eliminated the previous censorship and guaranteed the freedom of speech -provided that the Principles of the National Movement remained untouched. The former legislation -which during the early years allowed to penalise many publications due to their non-compliance- was finally abolished by Royal Decree 24/1977, which eventually guaranteed the freedom of speech together with the Constitution of 1978.

The media were thus able to make an unhindered informative approach on the events taking place on a national and international level, to interview all the key players they deemed necessary and to publish the contents they chose, whatever the views held by the successive governments in office. Within this context -set during the first two election campaigns- interviews came to be regarded as an indispensable genre and were therefore published as such or in any other appropriate format for the purpose of obtaining insight into the personalities and private aspects of the candidates, which became a necessary task for setting distinctions between them during these early years. Personal talks or similar contents presented in more general formats allowed citizens to access one of the three basic elements of a candidate’s image, a necessary element towards gaining votes: his personality. The other two are their convictions and communication.

In both calls for elections, the written media positioned themselves as truly relevant elements for the public. In 1977, they generated debates between the different political options thanks to the Electoral Talk Shows (Tertulias electorales) of the ABC newspaper, they took charge of introducing the different contending political options and functioned as a medium in shaping society for the new democracy. Two years later, they were one of the main actors in informing about the creation of political groupings, consolidating the democratic model and starting the fully-fledged political game in view of reaching an agreement and a common ideal which were to be set down in the Moncloa Accords (Pactos de la Moncloa).

From a thematic point of view, there were logically certain differences between both elections. The first elections focussed on assessing the consolidation of democracy, the advisability or not of calling for a Constituent Assembly, the end of the difficult economic situation -being the main issues the deficit, unemployment and nationalisations-, the manifestation of logical viewpoints to achieve the best possible result or the development of the first campaign with the distribution of television advertisements and the participation of the Government President as the main concerns.

In 1979 there was already an exponential growth in the number of subject matters. It was the time for a solidly based legislature with a four-year horizon in which concerns were focussed on the Basque and Catalan territorial issues -besides the economic aspects that still concerned society as well as the normal messages typical of electoral periods. Focus was also centred on ever increasing terrorism, on perfecting and differentiating the new campaign from the previous one, on the integration into the European Economic Community (EEC) and into NATO as well as on several distinct issues such as divorce, abortion and social services.

As for the journalistic aspects, with a focus set on interviews and personality, the tendency of the media generally remained as a permanent element during both calls for elections. The greater presence of interviews published in the written press -dealing with the state of affairs regarding the elections- came by the hand of the ABC newspaper thanks to the Electoral Talk Shows (Tertulias electorales) which contained a great number of such topics, although these were also very often presented in diverse contents provided by this publication. Meanwhile, El País was not as prone to interviews, except for the special issues of 1977; the Electoral Guide (Guía electoral), the Special Edition on Elections (Especial elecciones) or the Sunday edition, which presented a very important report on the Suárez family at the Palace of La Moncloa after their recent transfer there. In practically all of them, with the exception of the latter, contents regarding personal aspects were anecdotal and were most often included in the headers or in the opening paragraphs as well as the occasional answer given to questions specifically concerning those issues. The provided information seldom exceeded a brief reference to their biography or comments regarding aspects such as divorce or abortion, to name a couple of topics.

The main difference between the two elections was the presence of advertisement sections UCD informa (UCD Informer). They contain the most relevant personality interviews included in the research. Written by Javier Aleixandre, they were introduced into both headers, with obvious typographic differences allowing them to adapt to each different case. Their main contents were biographies, marital status, hobbies and professional curricula. In essence, we are dealing with true interviews on personality, presented in a popular format, as well as the most relevant contents of the research. A selection was made of a total of thirteen conversations with several centrist members, though not with President Suárez.

In the case of weekly issues, the creation of different products which were more reflexive in nature and less attached to current affairs led to the proportion of personal contents to increase in comparison to that of newspapers. In Cambio 16 these issues were presented mainly in personal articles dealing with one or several protagonists (for example, Rafael Alberti, Pilar Primo de Rivera or Joaquín Garrigues Walker, among others), analyses of shades (Adolfo Suárez and Felipe González), comparative analyses (Santiago Carrillo and Manuel Fraga) or in a modest number of interviews (Alfonso Guerra and Manuel Fraga were two of such cases). In Triunfo talks were more numerous (examples of which were Enrique Fuentes Quintana, José Aumente or Alejando Rojas Marcos, among others) whereas personal articles were much less common (Federica Montseny or Fernando Sagaseta were two of the three characters available for the research). There were however instances of more generic texts which analysed a specific topic such as the distribution of candidates in Andalusia. No major differences in informational tendencies can be perceived between the first and the second campaign regarding the applied genres.

In this respect, the presence of personal contents was more varied. In some cases there were few of such contents or even none at all whereas others were strongly targeted towards personal issues. The stand-firsts, the opening paragraphs or even large portions within the texts were the main parts containing these aspects. However, no rules applying to all cases may be established. Therefore it is better to address them individually.

Conclusions

A task of such magnitude including diverse areas requires that the conclusions drawn from the work must also be addressed independently in concordance with the mentioned disparity in contents detailed in the present research. The history of Spain, the legislative background in terms of journalism and printing and the specification of journalistic contents pursuant to the political communication exemplified in the analysed texts make up the themes from which specific conclusions will be presented.

Following this order, we find ourselves before a period in history that witnessed the advancements in establishing a State that would guarantee the fundamental rights and liberties that allowed for free elections to be held. The first elections carried the difficulties common to all new processes whereas the second call showed a positive evolution and also increased the topics of discussion. They were the starting point for normalisation on all the Spanish administrative levels and gave rise to the political game in its highest form.

In terms of legislation it has proved to have been the start of the longest and most stable period, in which rights and liberties -including those related to the press- obtained recognition and were applied to their full extent. This situation led to a series of very important events: the establishment of an editorial approach on behalf of the media, the development of information in accordance to their own interests and the impossibility of being prosecuted for expressing opinions which opposed those of the leaders of the country. The latter aspect, analysed in a total of three publications, is not a fact to be overlooked during that period.

Concerning the area of journalism, the different paths and forms taken by the four very divergent publications led to the existence of very different products. Interviews were considerably more prominent in ABC than in El País, and magazines produced minor though not numerous differences and focussed on other types of texts: the so-called personal or generic articles, comparatives or shadows. Personal contents in the press were anecdotal and in the majority of cases did not go further than stand-firsts introducing the protagonists or very concrete aspects such as the already mentioned divorce and abortion. Weekly publications offered a far greater number due to the type of texts and the necessity to provide a different product than that of the daily papers.

Special mention must be made of the UCD informa, which have constituted the most important contents in this study; advertising spaces of the centrist group which provided a medium for introducing and bringing a good number of candidates to the open, especially in certain cases.

Concerning political communication, a set of seemingly parallel strategies may be observed, albeit with different nuances. In all cases, the person they were most interested in introducing was the main candidate. Regarding the remaining protagonists, only the special particularity of the protagonist himself, as was the case of Joaquín Garrigues Walker, or his special situation managed to create a similar case. In the case of the communists, this happened in 1977 with Rafael Alberti and La Pasionaria representing a divergence in tactics in which they both shared prominence with the leader. As for the winning party, the UCD informa may be seen as a unique project carried out by the party in order to win the elections or also to silence the leaders’ lust for prominence in a rather heterogeneous group.

Resumen

La llegada de la democracia a España en 1977 supuso el comienzo de un tiempo nuevo en nuestro país. Atrás habían quedado los casi cuarenta años de Dictadura y los días en los que manifestar un parecer contrario al orden establecido se antojaba como un objetivo cuanto menos peligroso, por las consecuencias que podría deparar. Sólo había una opinión aceptada y las discrepantes permanecían o silenciadas, o trabajando en la clandestinidad para sembrar una semilla que provocara el cambio de modelo en un futuro más o menos próximo, o exiliadas.

El 20 de noviembre de 1975 fue la efeméride inicial de un proceso de cambios que provocaron la celebración de unas elecciones generales y libres casi dos años después, el 15 de junio de 1977. Tras ella, las principales ocupaciones de la clase política española pasaron por dotar de un marco legislativo supremo, a través de la Constitución aprobada en el último mes de 1978, al nuevo régimen de libertades implantado en España.

Con la coyuntura totalmente amparada en un sistema normativo que reconocía los derechos fundamentales básicos de la persona, aspecto utópico poco tiempo atrás, se permitía que la vida en democracia del país se desarrollara por los cauces normales de una organización de dicha tipología, a imagen y semejanza de los estados de nuestro entorno más desarrollados en ese sentido. Ante ese hecho, las segundas elecciones generales de la Transición, el 1 de marzo de 1979, pretendieron dotar de normalidad una situación que no lo había sido en los últimos tiempos, por las ingentes transformaciones afrontadas a todos los niveles.

La libertad era ya una realidad y en los dos primeros comicios se enfrentaron un buen número de partidos políticos, unos de nueva creación y otros con una trayectoria muy extensa, personificados en unos líderes con vidas y biografías diversas. La prensa se erigió como el altavoz perfecto para ejercer una labor pedagógica de los comicios, mostrar los programas de las formaciones y los elementos personales de los aspirantes, que jugaban un papel fundamental para la decisión del voto por parte de la sociedad.

Son precisamente éstos últimos elementos los analizados en la presente tesis doctoral, mediante los ejemplares de las campañas electorales en dos periódicos diarios, ABC y El País, y en dos revistas semanales, Cambio 16 Triunfo. Los cuatro constituyen un buen ejemplo del panorama periodístico, en su perspectiva escrita, que se vivía en aquellos años. Junto a ello, la investigación se complementa con la entrevista a diversos personajes relevantes del período desde el prisma periodístico y político. Del primero, Manuel Campo Vidal, José Javier Aleixandre, Pilar Urbano y Manuel Vicent son sus exponentes; mientras que del segundo los protagonistas fueron Joaquín Leguina, Cristina Almeida, Alfonso Osorio y Rodolfo Martín Villa.

Contenido de la investigación

El hecho de abordar un período temporal tan singular de España, en la que múltiples órdenes fueron modificados, obliga a exponer un marco teórico lo suficientemente amplio que permita tener un conocimiento cuanto menos notorio en varias de las áreas principales que un estudio de esta tipología requiere. Nos referimos a la historia general, la del periodismo y la de la legislación en prensa, para complementarlos con una especificación del género de la entrevista y de la relevancia de la comunicación política en períodos como los abordados, las campañas electorales. Todo ello servirá como contextualización a un análisis posterior en la que la especificación temática de las dos elecciones, abordadas por separado, servirán de antesala para el estudio de todos los productos periodísticos dignos de mención por su evidente componente personal.

La doble perspectiva histórica sirve para detallar una situación en la que gran parte de los órdenes estaban siendo alterados sustancialmente. Desde el fallecimiento del Generalísimo Francisco Franco, hasta la fecha de la segunda llamada a las urnas para unos comicios generales, varios fueron los acontecimientos que cambiaron el camino que transitaba el país. La coronación del Rey don Juan Carlos (22 de noviembre de 1975), el cambio en la presidencia del Gobierno de Carlos Arias Navarro por Adolfo Suárez (3 de julio de 1976), la aprobación, no sin esfuerzo, de la Ley para la Reforma Política (18 de noviembre de 1977), el inicio de las negociaciones con la oposición (11 de enero de 1977), que deparó la legalización del Partido Comunista de España (9 de abril de 1977), las primeras elecciones generales libres en cuarenta años (15 de junio de 1977), la elección de la ponencia para la elaboración de una Constitución (1 de agosto de 1977) y la aprobación de la Carta Magna en el Parlamento (31 de octubre de 1978) y por el pueblo español en referéndum (6 de diciembre de 1978), son sólo algunos de ellos. En esos tres años prácticamente ningún aspecto esencial fue mantenido de igual manera que en la Dictadura, sin ser el panorama periodístico una excepción.

Como se percibirá a lo largo de la investigación, la vinculación entre los acontecimientos históricos, que influyen directamente en el reconocimiento de los derechos, con la legislación del momento, es el aspecto esencial para la implantación de uno u otro modelo periodístico. España, desde la Restauración hasta aquí, ha vivido experiencias particulares en sistemas supuestamente democráticos, como el mencionado de finales del siglo XIX y comienzos del XX, dos repúblicas, dos dictaduras y un enfrentamiento bélico civil, hasta la democracia que conocemos. En ese contexto, la libertad de prensa e imprenta, unida a la de expresión, vivió momentos de mayor o menor apogeo que posibilitaron el desempeño de la tarea de los medios de comunicación seleccionados, con mayores o menores dificultades. En el ABC, rotativo gráfico, de tendencia conservadora y monárquico, nacido el 1 de enero de 1903 y que supuso una renovación en su momento de las cabeceras más arcaicas y de formato sábana; en El País, que debe ser considerado como el diario por excelencia de la Transición española, nacido en el nuevo tiempo democrático, fruto de un estudio que dio como consecuencia un medio moderno y que ejemplificaba el nuevo tiempo; en Cambio 16, la revista más importante del final de la Dictadura y del comienzo de la democracia, con un lenguaje y estilo informativo que variaba lo conocido hasta la fecha, con el indudable protagonismo de Juan Tomás de Salas; y en Triunfo, revista tradicionalmente de cine, que acabó derivando en un semanario progresista con artículos extensos y divulgativos, muy vinculados con la política nacional e información internacional debido a la labor de personajes como José Ángel Ezcurra, Enrique Haro Tecglen o Manuel Vázquez Montalbán; como se percibirá en sus historias particulares, debieron adaptarse e ir modificando sus productos conforme a la coyuntura del momento.

Las diversas Constituciones son un buen ejemplo para conocer el estado de la cuestión, pero es más relevante, en el campo del periodismo en el que se mueve la presente tesis doctoral, las leyes específicas de prensa. Muy variadas han sido las aprobadas desde los lejanos tiempos de la Restauración, ejemplificadas en la de 1879 o 1883, pero la verdaderamente relevante en el estudio es la conocida como Ley Fraga, del año 1966. Aquella que dejaba atrás el ordenamiento de 1938, elaborado por Ramón Serrano Súñer en plena Guerra Civil, y que establecía fuertes mecanismos de control como la censura previa y a posteriori, y la elección del director, entre otras muchas.

La Ley de 1966 supuso un paso adelante que eliminó la censura previa y garantizaba la libertad de expresión, siempre que no se atentaran contra los Principios del Movimiento Nacional. Ese aspecto, que permitió en los primeros años sancionar a muchas publicaciones por no ser acorde a ello, acabó por ser suprimido por el Real Decreto 24/1977, que acabó por garantizar la libertad de expresión, junto con la Constitución de 1978.

De esta manera, los medios de comunicación pudieron afrontar informativamente los sucesos acaecidos en el panorama nacional e internacional de manera libre, entrevistar a cuantos protagonistas consideraran oportunos y publicar los contenidos que estipulasen, fueran o no acorde a los pensamientos del Gobierno de turno. En ese contexto, concretado en las dos primeras campañas electorales, las entrevistas se antojaban como un género indispensable para publicarlas como tal o en otros formatos, y dar a conocer la personalidad y aspectos íntimos de los candidatos, en esa tarea de diferenciación necesaria en esos primeros años. Las charlas personales, o los contenidos similares en otras más genéricas, permitían a los ciudadanos percibir uno de los tres elementos básicos de la imagen del candidato, tan necesaria para propiciar el voto, como es su personalidad. Los otros dos son las convicciones y la comunicación.

En ambas convocatorias, los medios de comunicación escritos se posicionaron como unos elementos muy relevantes para la ciudadanía. En 1977, como generadores de debate entre las distintas opciones políticas, gracias a las Tertulias electorales del ABC, como los encargados de presentar a las diferentes opciones en liza o como vehículo para formar a la sociedad ante la novel democracia. Dos años más tarde, fueron uno de los principales altavoces para informar de la concentración de formaciones, de la consolidación del modelo democrático y del comienzo del juego político en su plenitud, con el fin del consenso y del espíritu de los Pactos de la Moncloa.

Temáticamente hablando, como es lógico, hubo diferencias entre ambos comicios. Las primeras abogaban por abordar la consolidación de la democracia, la conveniencia o no de conformar unas Cortes constituyentes, la resolución de la difícil situación económica (con el déficit, el paro o las nacionalizaciones como principales preocupaciones), la manifestación de pareceres lógicos para lograr el mejor resultado posible o el desarrollo de la primera campaña, con el reparto de los anuncios televisivos o la participación del presidente del Gobierno como principales preocupaciones.

Ya en 1979, el número de temas aumentó exponencialmente. Llegaba el turno a una legislatura con las bases sólidas y un horizonte de cuatro años, por lo que las preocupaciones se trasladaron, además de a los aspectos económicos que seguían inquietando a la sociedad y a los mensajes propios de los períodos electorales, a los aspectos territoriales vasco y catalán, a la seguridad ciudadana ante el creciente terrorismo, al perfeccionamiento y diferencias de esta nueva campaña electoral con respecto a la anterior, a la integración en la Comunidad Económica Europea (CEE) y en la OTAN, o a diversos aspectos muy concretos, como el divorcio, el aborto o los servicios sociales.

Centrados en aspectos periodísticos, con el punto de mira puesto en la entrevista y en la manifestación de la personalidad, la tendencia de los medios de comunicación se mantuvo, en líneas generales, en ambas llamadas. La mayor presencia de charlas en la prensa escrita, vinculadas a la actualidad de los comicios, se produjo en el ABC, gracias a las Tertulias electorales, que contenían un gran número de ellas, aunque también en los contenidos distintos del propio ejemplar aparecían con cierta frecuencia. Mientras, en El País no eran proclives a ellas, salvo los productos especiales de 1977, la Guía electoral, el Especial elecciones o el dominical, en el que hubo un reportaje muy personal de la vida de la familia Suárez en el Palacio de la Moncloa, tras su reciente traslado. En la práctica totalidad de ellas, salvo en el último caso, los contenidos inherentes a la interioridad fueron anecdóticos, casi siempre presentes en las entradillas o primer párrafo, y en ocasiones en las respuestas a preguntas que se preocupaban de esos elementos. Los datos no pasaban, generalmente, de una breve referencia a su biografía o sus comentarios sobre aspectos como el divorcio o aborto, por citar dos temáticas.

La principal diferencia entre ambas elecciones fue la presencia, en las segundas, de los espacios anunciadores UCD informa. En ellas se contienen las entrevistas de personalidad más relevantes de la investigación. Elaboradas por José Javier Aleixandre, fueron introducidas en las dos cabeceras, con diferencias tipográficas evidentes para adaptarse a cada caso, y la biografía, estado civil, aficiones y currículum profesional eran sus principales contenidos. Estamos hablando, en definitiva, de las verdaderas entrevistas de personalidad, presentadas en formato romanceado, y los contenidos más relevantes de la investigación. En total fueron trece conversaciones con diferentes miembros centristas, no el presidente Suárez.

En los casos semanales, la elaboración de productos diferenciados, menos apegados a la actualidad y más reflexivos, provocaron que los contenidos personales aumentaran porcentualmente con relación a los diarios. En Cambio 16, eran introducidos principalmente mediante artículos personales, con uno o varios protagonistas (por ejemplo Rafael Alberti, Pilar Primo de Rivera o Joaquín Garrigues Walker, entre otros), sombras (Adolfo Suárez y Felipe González), comparativas (Santiago Carrillo y Manuel Fraga) o entrevistas, en un número no muy elevado (Alfonso Guerra o Manuel Fraga fueron dos de los casos); y en Triunfo las charlas eran más numerosas (ejemplificadas en Enrique Fuentes Quintana, José Aumente o Alejando Rojas Marcos, entre otros) y los artículos personales mucho menores (Federica Montseny o Fernando Sagaseta, fueron dos de los tres encontrados), aunque también había casos en los textos genéricos que analizaron una situación concreta, como la distribución de candidatos en Andalucía. No se perciben grandes diferencias entre la tendencia informativa de una y otra campaña, en lo relativo a los géneros empleados.

En estos particulares, la presencia de contenidos personales era más dispar. Desde casos con muy pocos o ninguno, hasta otros eminentemente de dicha morfología. Las entradillas, los primeros párrafos o, incluso, una gran parte del interior de los textos, eran los lugares en donde se encontraban mayoritariamente, sin poder establecer normas que se mantuvieran en todos los casos. Por ello, mejor abordarlos individualmente.

Conclusiones

Una labor de dicha magnitud, con áreas diversas, requiere que las conclusiones que se formulen se aborden también de manera diferenciada, acorde a esa disparidad de contenidos que se han detallado en la presente investigación. La historia de España, la legislativa en materia periodística y de imprenta, la especificación de los contenidos periodísticos encontrados al respecto y los aspectos referentes a la comunicación política ejemplificada en los textos analizados, son las temáticas sobre las que se enunciaran determinadas conclusiones al respecto.

Siguiendo ese orden, nos encontramos ante un período en la historia en el que se produjeron los avances para el establecimiento de un Estado que garantizara los derechos y libertades fundamentales, que permitieron la celebración de unas elecciones libres. Unas primeras con los problemas comunes de un proceso nuevo, pero unas segundas que evolucionaron positivamente, aumentando también los temas de discusión. Fueron el punto de partida para la normalización de todos los niveles administrativos españoles y que daba inicio al juego político en su máxima expresión.

En materia legislativa se ha podido comprobar que se trató del inicio del período más largo y estable en el que los derechos y libertades, entre los que se incluyen los relacionados con la prensa, estaban reconocidos y se aplicaban en su máxima amplitud. Esa situación provocó unos hechos muy importantes: el establecimiento de la línea editorial por parte del medio, la elaboración de las informaciones de acuerdo a sus propios intereses y la imposibilidad ser sancionados por manifestar opiniones contrarias a los de los gobernantes del país. Este último aspecto, en el caso de hasta tres de las publicaciones analizadas, no es un hecho carente de importancia en aquel tiempo.

Referido al área periodística, la diferente trayectoria y morfología de las cuatro publicaciones, todas muy dispares, provocaba la existencia de productos muy desiguales. La entrevista era bastante más notoria en ABC que en El País, y en las revistas se produjeron pequeñas diferencias, pero no cuantiosas, centrándose en otro tipo de textos, los denominados artículos personales o genéricos, las comparativas o las sombras. Los contenidos personales en la prensa diaria eran testimoniales, sin pasar, en la mayoría de los casos, de las entradillas que presentaban los protagonistas o aspectos muy concretos como los ya citados divorcio y aborto; y en la semanal mucho más cuantiosos, por la tipología de sus textos y por la necesidad de ofrecer un producto diferenciado con respecto a los diarios.

Mención aparte merecen los UCD informa, que se han convertido en los contenidos más importantes del estudio. Espacios publicitarios de la formación centrista que sirvieron como contenido para presentar y dar a conocer, más si cabe en algunos casos, a un buen número de candidatos de la formación.

Y con respecto a la comunicación política se vieron estrategias muy parejas, aunque con diferencia de matices. En todos los casos el que más interesaba y el que más querían mostrar era al candidato principal. Del resto de protagonistas, sólo la peculiaridad propia del personaje, como ocurrió con Joaquín Garrigues Walker, o su situación particular pudo provocar un caso similar. En los comunistas ocurrió en 1977 con Rafael Alberti y La Pasionaria, percibiéndose como una disparidad en la táctica empleada, al querer repartir el protagonismo del líder con ellos; y en el partido ganador los UCD informa pueden entenderse como una tarea singular del partido para ganar las elecciones o para acallar las ansias de preponderancia de los dirigentes de una formación ciertamente heterogénea.

Ágora

La política ha vuelto al ágora, pero a su manera. En aquellos emplazamientos griegos, representaciones perfectas del encuentro mercantil, cultural y de discusión política, con las asambleas a la orden del día, Pericles se erigió como uno de sus personajes más destacados, sino el que más. El denominado “primer ciudadano de Atenas”, un verdadero virtuoso de la palabra y de la argumentación, era perfectamente conocido por los que allí acudían. Se estaba afinadamente al tanto de cómo era, cómo se movía o cómo hablaba dicho protagonista, incluso también del mayor o menor atractivo físico. Cuestión de gustos.

Con el paso de los años, muchos a decir verdad, la comunicación política tiene muy presente estos hechos y el aspirante a un determinado puesto, denominado incluso “salvador” como consecuencia de la intensidad y cariz de la campaña, es exhibido como un verdadero producto a la ciudadanía. Ese marketing político hace exactamente lo mismo con la manifestación de una idea concreta, esa que te permite ganar unas elecciones: “Yes we can” en los Estados Unidos, expresión muy manida ya en multitud de acontecimientos deportivos, y “Por el cambio”, en la reciente casuística e historia española.

La realidad del momento, principalmente cuando llega una campaña electoral, pero no sólo en esos días de intensa actividad, es preocuparse por aspectos en ocasiones nimios de la actuación del político de turno. Su atuendo, la búsqueda de la significación en la corbata elegida y en el color de la misma, o la manera de mover las manos son analizados al milímetro, dejando en ocasiones en un segundo plano la manifestación de las ideas o la confrontación de pareceres que tanto destacaban en la Antigua Grecia. Ocupan no poco espacio en la construcción de ese producto en el que se ha convertido el pretendiente a un cargo público.

Echando una mirada selectiva al pasado se podría iniciar la búsqueda, en un tiempo no tan lejano, para el perfeccionamiento de una democracia, la española, sobre la que aparecen muchas voces discrepantes y que abogan por una reforma en profundidad. Hace poco más de cuarenta años, la prehistoria del sistema que vivimos en la actualidad, tuvieron lugar los maravillosos debates constitucionales, que algunos tildaron, parafraseando a José Ortega y Gasset, de “jabalíes y tenores”; las oratorias en el Congreso de los Diputados y el Senado evidenciaban la brillantez e ingente formación de sus señorías, sin papeles, pero con las ideas claras y la capacidad de manifestarlas de igual manera; el voto en conciencia era empleado en no pocas ocasiones, ese que hoy en día está reducido a la mínima expresión, previo pago de una multa por romper lo que llaman “disciplina de partido”; y era palpable y evidente la intencionalidad de la gran mayoría de formaciones políticas de llegar a acuerdos, renunciando a sus prelados iniciales y buscando el punto de entendimiento y consenso entre dos posicionamientos dispares.

El conocimiento de nuestro pasado permite estar al tanto los errores cometidos para evitar caer en ellos de nuevo. También para percibir con mucha mayor nitidez, mediante la perspectiva que nos dota el tiempo, las pérdidas que la ciudadanía ha sufrido en todo ese tiempo. Dentro del cambio necesario y aconsejable que requiere la democracia española bien estaría recuperar aquellas características que un día tuvimos y hoy no. No supone más que una vuelta al pasado en ese sentido, lo que se traduciría en el mantenimiento de la esencia de lo que en su día fueron aquellas plazas griegas, conocidas como ágoras.