Entrevista a Cristina Almeida Castro

Madrid.- Cristina Almeida Castro (Badajoz, 1944), abogada, ha sido uno de los personajes más relevantes del comunismo de los últimos años del Franquismo y los primeros de la Transición. Su vinculación con esa ideología comenzó en la universidad, a la que entró para cursar Derecho, y en donde tenían un gran protagonismo, entre las juventudes universitarias, dichos prelados ideológicos. A partir de ahí llegó a ocupar una concejalía en el Ayuntamiento de Madrid, siendo expulsada de esas siglas por desavenencias con su líder, Santiago Carrillo.

Desde entonces, participó en la formación de Izquierda Unida (IU), siendo diputada en la cuarta y la sexta legislatura, abandonando la coalición las siglas de Almeida, el Partido Democrático de Nueva Izquierda (PDNI). Su última aventura fue como candidata independiente por el Partido Socialista Obrero Español (PSOE) a la Asamblea de Madrid en la legislatura de 1999 a 2003, descartando pasar a engrosar las filas de dicho partido político.

Su conocimiento de la formación liderada por Carrillo y su ingente labor en las campañas electorales, siendo incluso protagonista de algunos productos periodísticos analizados en la tesis doctoral, la hacen especialmente interesante. Con ella se podrá conocer la estrategia seguida por el Partido Comunista (PCE) y la tarea de dicho partido en los primeros años de la nueva democracia.

Pregunta.- Usted estudió Derecho ¿Cómo inicia su vinculación con el Partido Comunista (PCE)?

Respuesta.- Yo había hecho ciencias porque quería hacer Medicina, rama de Psiquiatría, pero aquí no había la especialidad y tenía que estudiar muchos años, por lo que decidí cambiarme a Derecho. Tuve que pedir permiso y estudié la carrera de 1961 a 1966 en la Facultad de Madrid. Primero entré en Federación Universitaria Democrática Española (FUDE), en segundo de carrera, cuando ya me fui espabilando, luego en el Sindicato Democrático de Estudiantes ya más tarde y en el año 1964 ingresé en el PCE en la Facultad, que era lo que había.

P.- ¿Se fraguaba ya una sociedad crítica?

R.- Por supuesto. En el año 1965 fue cuando detuvieron a José Luis López Aranguren, Enrique Tierno Galván, Agustín García Calvo o Mariano Aguilar Navarro, una serie de catedráticos que encabezaron una manifestación a favor de la libertad de asociación. A partir de ese momento cayó el Servicio Español Universitario (SEU), se inventaron otra cosa que eran las AP, que no llegaron, y a cambio nosotros creamos el Sindicato Democrático de Estudiantes.

P.- ¿Cómo se veía el periodismo de esos años? Llegó durante ese período la Ley Fraga de Prensa.

R.- Él le llamaba la ley de la libertad de censura, pero aquí la censura era el país, no sólo la prensa, ya que si no hay libertades no las hay ni para las publicaciones ni para nadie. Pero como todos rompíamos lo que podíamos la información, la prensa también lo hacía en muchísimos casos, por ejemplo Cambio 16, Triunfo, Hermano Lobo, Cuadernos para el Diálogo, etc. Eran todo apuestas para lograr la libertad. Creo que todo el mundo que quería ayudar lo hacía en donde fuera y la prensa no fue ni mucho menos ajena. Hubo de todo, pero estaban más por una apertura democrática, de avance. Incluso el ABC porque quería apoyar al Rey y no quedarse fuera, como se había quedado don Juan.

Creo que sí se notaba la misma apertura que logramos conseguir la sociedad, aunque en teoría y en las leyes era imposible, pero todo el mundo ayudaba a romperla, como los jueces con Justicia Democrática. Entonces todos querían apostar por una sociedad democrática. Y en la prensa había la misma discusión, en Cambio 16, en Triunfo, hasta en La Codorniz. En todos se metía una parte de democracia y se perseguía a la prensa. Con Fraga cerraron muchas publicaciones en varias ocasiones, pero todos partíamos de la base de que la censura ya estaba y que las libertades había que conseguirlas poco a poco, mediante entrevistas, leyendo entre líneas o haciendo artículos.

Recuerdo que era una época apasionante de la prensa, que sí nos comunicaba cosas, y sabíamos leer entre líneas. Por eso sacábamos de todos lados lo mejor que había.

P.- ¿Cómo fue su trayectoria en el PCE?

R.- El partido ha sido lo mejor que me ha pasado, no porque sea comunista, si hubiera vivido en la Unión Soviética igual habría estado en la oposición. Estuve en el PCE hasta el año 1981, que me expulsó Santiago Carrillo. Lo hicieron porque mandaban más, no porque tuvieran más razón. La prueba es que a los dos meses le expulsaron a él.

Tras las primeras elecciones municipales estuve gobernando con el PSOE y Tierno Galván, en coalición con el PCE, y fue una etapa estupenda, pero se planteó entonces un problema en el País Vasco, en donde se quería fusionar el Partido Comunista de Euskadi (EPK) con EE. El partido estaba apoyando esa fusión pero al final, con los intransigentes del País Vasco, se negaron y expulsaron a Roberto Lertxundi y a todo el secretariado de allí. Nosotros hicimos un acto en Madrid para informar sobre ello en el Centro de Investigaciones Científicas. Salió un anuncio en El País con todos los cargos públicos que estábamos en ese acto, nos llamó la dirección y nos dieron una carta de expulsión.

Con motivo de dicha decisión ganamos un recurso en el Tribunal Constitucional. Yo no tenía ningún deseo de volver, pero me parecía que no se podía dejar a los ciudadanos porque hubiera convocado o participado en un acto. Si me echaban por choriza todo hubiera estado muy bien, pero como era por una cuestión diferente no. Fue una sentencia clave porque una vez que los partidos te meten te pueden dar poder pero no te dan la democracia. Ésta te la dan los ciudadanos y no puede ser un responsable del partido el que te eche, sino que tendría que ser la ciudadanía.

P.- Pero volvió a la escena política para ayudar a formar IU.

R.- En el año 1986 me llamó de nuevo Gerardo Iglesias, por aquel tiempo secretario general del PCE, y me pidió que viniera a fundar IU. Fui a llevar a cabo esa labor, en la que también estaba el PCE, aunque mantenía que debía disolverse y que sólo quedara IU como partido y no cada uno con una formación. En este caso fue Julio Anguita el que me expulsó de allí.

Nunca he sentido la represión, excepto cuando tenías la obligación de votar. Si por algo prescindieron de mí y no me pusieron en las listas fue porque me negué a votar una proposición del fútbol, que yo sabía que estaba amañada, y dije que no. Por ello nos castigaron para no ir a las próximas elecciones. Querían que fuera en torno al veintiocho, pero le dije que si éramos malos no nos podías poner en las listas y entonces nos fuimos Pablo Castellano, Nicolás Sartorius y yo, que renunciamos.

P.- ¿Y la aventura del Partido Democrático de Nueva Izquierda (PDNI)?

R.- Es complicado hacer un partido si no tienes financiación y decidí, tras la salida de IU, un acuerdo con el PSOE para estar en la Asamblea de Madrid y ser candidata contra Alberto Ruíz-Gallardón en 1999. Cuando salí me ofrecieron pasar al PSOE porque se había decidido que la gente de mi formación lo hiciera, pero dije que no quería pasarme a otro partido.

P.- ¿Qué modelo de partido era el PCE?

R.- Era un modelo de gente afiliada y que daba ideas. Nosotros teníamos más democracia que nunca porque la hacíamos nosotros, entre ellos los que eran abogados. Después vinieron las viejas glorias, el propio Santiago Carrillo, que se inventó la territorialización para que no tuvieran los grupos profesionales poder porque pensaba que por ahí le iba a venir la competencia. Hubo un desmadre cuando nos echaron en el 1981, que también fue un desastre para el partido.

Pero el modelo de partido lo inventábamos nosotros. Cedíamos, quitábamos, criticábamos, etc. La organización era de una solidaridad infinita, de haber pasado lo mejor de mi vida luchando y haciendo cosas en todos los frentes. Siendo más culta, descubriéndome como mujer y teniendo que luchar en el partido, en el que eran todos unos machistas, que fue cuando me di cuenta que las mujeres no teníamos derecho, ni yo que me creía más roja que nadie. Eran experiencias que me han enriquecido en lo político, personal, humano, en relación a mi independencia y en feminismo. Por eso no tengo rencores. Hay otros que cuando no les ponen en una lista ya se vuelven de derecha de toda la vida.

P.- ¿Cómo fue la labor del PCE en los últimos años del Franquismo hasta su legalización?

R.- Estábamos en todos lados. Nosotros lo que queríamos era conseguir la democracia y los abogados, por citar mi ejemplo, poníamos el título. En mi caso defendía a presos políticos y a trabajadores en el Tribunal de Orden Público, en el Consejo o en las detenciones. El partido estaba muy introducido en el Colegio de Abogados, éramos más de cien del PCE.

Cuando había manifestaciones íbamos todos a ellas, apoyando a los obreros en sus reclamaciones. Si era en la facultad haciendo cursos o propagandas, como cuando en 1968, en la de Económicas, vino Raimon a dar un festival; o en el veinte aniversario de la declaración de derechos humanos, en el año 1968, en un acto masivo que se hizo en el Paraninfo de Sevilla y en el que estaba todavía Felipe de Isidoro entre el público. Y no era el principio de la Transición ni nada, que parece que estaba todo el mundo en París haciendo el mayo francés y aquí no salió nadie. Estuvieron los que vivieron exiliados. No es verdad que ninguno de todos estos participaran y menos los de aquí.

Para transformar una sociedad tenías que luchar en todos los frentes. Era una continua intervención mediante charlas, ocupando iglesias o peleando por los matrimonios, el padre Gamo casaba a todos los que querían hacerlo y no por la iglesia. Es decir, ocupaba toda una visión de la sociedad y luchábamos para que eso tuviera un reflejo rápido en la libertad. Combatíamos también por las elecciones, creando CCOO en la clandestinidad, antes de que fueran legalizados durante años.

P.- Llegaron los primeros comicios y no se consiguieron los resultados que se esperaban desde la formación.

R.- Yo no me llevé tal batacazo porque pasar de una Dictadura a votar al PCE era complicado. Todavía estaban muy vinculados a la guerra. Ellos pensaban que iban a tener muchos y sacaron veinte diputados. Cometieron el error de poner de cabeza de lista a todos los que se habían ido de sus sitios al extranjero. Es verdad que era gente sana y trabajadora, pero era para gobernar el país.

En las primeras elecciones era una cuestión de inteligencia de este país. El PCE creo que tenía derecho a esperar más, pero haciendo mejor las cosas. Entonces a mí no me lo pareció, la ilusión mía era ver a Dolores Ibárruri y a todos éstos presidiendo las Cortes con Alberti, de donde ella había salido para el exilio. Era emocionante pero no eran los que iban a dar la visión nueva del Gobierno, por lo tanto creo que el desencanto de entonces fue casi una exigencia de compensación de lo que habías hecho y no se puede hacer las cosas para exigir resarcimiento, sino para ganarte el respeto. Y en ese momento yo creo que lo teníamos, que hubo incluso intentos de no legalizar al PCE, porque incluso el PSOE quería que ellos lo estuvieran antes para poder trabajar más, porque también se temían que se iba a llevar todos los laureles el PCE, que era el que había estado toda la vida aquí luchando.

Me dio pena pero es que ganó la UCD, que no existía hasta tres días antes. Lo hizo porque la gente iba pasito a pasito. Luego tocaba la Constitución. Y cuando ya vino el golpe de Estado de 1981, que yo estaba en el Ayuntamiento de Madrid, es cuando la gente tenía más confianza, pero votó al PSOE porque en ese año el PCE se había cargado a todos los dirigentes más conocidos.

P.- ¿Qué fue lo que más le sorprendió de esos resultados electorales?

R.- Lo que más me impresionó es que Arias Navarro, que se presentó a esas elecciones, no saliera elegido, habiendo sido el que leyó el testamento de Franco. Los votos fueron a la UCD porque Suárez se había opuesto más a estas cosas y legalizó el PCE después del asesinato de Atocha. La gente estaba sensibilizada, pero en muchos sitios todavía existía el miedo, por lo que había los suficientes reparos para no pasar del Franquismo al PCE.

P.-  Por lo tanto influyó que no estuviera la gente joven que había trabajado por instaurar la democracia desde dentro del país.

R.- Ese fue un error de estrategia porque a todos los que habían estado fuera les haces un homenaje o les pones méritos de lo que quieras, pero si lo que tú quieres es tener iniciativa en el país debes contar con la gente que había estado aquí todo el tiempo, que era la que había estado metida en las fábricas, en los colegios de abogados, en todas las luchas y que la sociedad identificaba con un cambio. Si tú te vas al pasado, son personas respetabilísimas, pero yo me acuerdo que Víctor Manuel y yo estábamos en la Comisión Electoral de las primeras elecciones y empezaron a dar nombres y no conocíamos a ninguno, siendo dirigentes del partido. Era la gente que había estado todo el tiempo fuera y eso no me pareció una buena estrategia.

P.- A eso iba, a la planificación comunicativa de la formación. ¿Cómo la afrontó? Porque en resultados parece evidente que se equivocó.

R.- Hubo una estrategia que, frente a la falta de libertad, corrupción y una sociedad libre, nosotros teníamos las cuentas claras, fuera de los bolsillos, con mucha aceptación en las campañas y mucho movimiento. Pero el fondo del voto estaba equivocado porque se relacionaba mucho el pasado con un momento nuevo y eso fue un error de estrategia, en lo que era una forma de querer compensar a la gente del exilio. Para iniciar una actividad de gobierno debía tener una estrategia la gente que había estado en todos los sitios, en las cárceles, luchando por los derechos de la mujer, etc.

El partido tenía gente en todos los sectores, en toda la prensa, en la más progresista y en la más reaccionaria, por ejemplo en Pueblo había profesionales muy válidos, que militaban y ayudaron en todo lo que pudieron haciendo manifiestos, entre otras labores. Es decir, creo que teníamos suficientemente aprecio en tantos sectores que la estrategia debía ser movilizarlos. Pero si les pones a una gente que no vinculas con la lucha cotidiana aquí, con el esfuerzo que se ha hecho en la Dictadura, te encuentras con que les falta esa garra. El resultado fue que se formó un partido casi para las elecciones y otro para trabajar.

P.- Llegó la labor en las Cortes constituyentes. ¿Cómo fue esa legislatura?

R.- Yo no estuve en ellas. En el 1977 fui candidata a las elecciones generales en la circunscripción de Madrid pero no salí finalmente elegida.

Es verdad que las Cortes constituyentes primero fueron el esfuerzo para conseguir una Constitución. Era tal su importancia que el día que fui a votarla pedí un certificado porque me parecía que estaba haciendo historia. Decidimos no empezar a pegarnos otra vez tiros y hubo una confluencia de gente muy diversa para poder llevar adelante la Transición y para hacer una Carta Magna que yo he criticado mucho porque no había ninguna madre de la patria, eran todos padres, no sé como la habrán parido. Supuso un momento muy acelerado, en el que se dijo vamos a trabajar juntos en la Constitución para sacar al país de la cutrería en la que vivíamos.

Iniciamos una etapa que llevó a renuncias también por la izquierda, pero nos parecía que era muy importante. Quizá se fue un poco débil en la exigencia a los otros, en el sentido de la bandera o de un estado laico, muchos aspectos que se podían haber marcado porque entonces tenían más miedo y hubiera sido más posible hacer una sociedad democrática más abierta y no tan mezclada al pasado.

La tensión en el proceso constituyente fue muy grande,  posteriormente también con el golpe de estado, pero eso nos llevó a no querer empezar de nuevo sin marcar una pauta en común para poder ir a las constituyentes. Y a mí me pareció muy importante. Lo digo porque eran tiempos en los que nadie quería volver a vivir lo que había pasado en este país, pero luego no se supo compensar a la gente que había muerto por esa lucha.

P.- Y en los segundos comicios, los de 1979, en los que subieron tres diputados, ¿qué tiene que destacar? En este caso se presentó como el número ocho por la circunscripción de Madrid.

R.- Lo más destacado es que, después de una Constitución, se hicieron unas elecciones, de acuerdo a lo que ponía la Carta Magna.

P.- ¿Hubo cierta renovación en su partido?

R.- Hubo muchas disensiones en el partido. Aunque no nos alcance, se había ido Jorge Semprún o Ignacio Gallego. Había gente antigua que ya estaba peleándose entre ellos y entonces ahí se fueron más. Pero el hecho de que en la Constitución se renunciara a la república, se aceptara la monarquía y se cambiara la bandera, eso creó, entre los militantes antiguos, muchos problemas. Yo estaba menos afectada porque todo lo de la bandera no me ha parecido una cuestión de empeño pero sí que el reconocimiento de la lucha me parecía más importante.

En el 1979 en casi todos los sitios fue otra gente, no lo hizo ni Dolores Ibárruri ni Rafael Alberti ni nadie de esos. Pero en ese año, ya con la Constitución, al abrir los ayuntamientos ya se cambió el giro de la izquierda y entonces era enfrentarte a los de la derecha. Se vio en cómo Felipe González se metía con Adolfo Suárez, porque aún ganó éste. Ya en 1979 hubo más abertura y coincidió que al mes siguiente, que eran las municipales, cambió la estructura del país. Hubo cientos de ayuntamientos de comunistas y de la izquierda, vino el golpe militar que no cuajó y en la siguiente legislatura dejaron a UCD tirada y ganó el PSOE.

Por supuesto que habían hecho una transformación interna en el socialismo mucho mayor que la que había hecho el PCE, que luego la llevó a golpe de expulsión. Ahí hubo más apertura, ganamos en 1979 pero en el 1981 empezó a expulsar Carrillo a todo el mundo y ahí hubo una bajada de haber hecho las cosas mal. Creía que la disidencia tenía que estar siempre fuera y entonces lo que estaba haciendo era un partido de gente callada y cerrada que no le discutiera. Y esa fue su equivocación porque eso fue lo que llevó a perder en la sociedad. Y se lo he dicho, yo que he estado con él hasta dos días antes de morirse.

P.- La tesis versa sobre los contenidos personales, la forma de ser de los candidatos o los rasgos más relevantes de su vida. Vistos los ejemplos, ¿no habría sido mejor por parte del partido presentar más a su gente?

R.- Creo que los que presentaron eran todo buena gente pero eran personas que no habían estado aquí en la lucha por la democracia, sino en el exilio, que también fue importante y una vida muy dura. Entonces es verdad que había gente que tenía respeto. Es más, pienso que entre tanta flaqueza de líderes metes ahora a algunos de aquellos y ganan más que cualquier jovencito emprendedor que haya por allí.

En la primera convocatoria se equivocó la estrategia, mandando a todos aquellos que tenían un peso histórico, aunque había otros que no lo poseían, aún teniendo una vida muy dura. Yo sí que creo que hubo un mayor respeto a los líderes democráticos de entonces, incluso de cualquier partido, que el que había para otra gente.

P.- Me refería a los aspectos más personales: a conocer su vida, a qué se dedicaba por aquel entonces, etc. Un caso de ello fue los UCD informa, elaborados para las elecciones de 1979 por la formación centrista.

R.- Posiblemente esto lo tendrían que hacer porque no eran conocidos. La izquierda no lo era mucho menos, era mucho más que la propia UCD, que trajo una gente que no tenía ni arte ni parte. Yo tenía constancia de personas de UCD pero eran desconocidos. Lo que pasa es que estaba Adolfo Suárez y centró el voto de la derecha por encima del que presentaran.

Los casos que me citas son anuncios pagados y eso no es estrategia, si acaso una de campaña y de dinero. Nosotros no íbamos a hacer un anuncio en El País gastándonos un millón de pesetas para ponernos a nosotros. Lo que sí te digo que aunque fuera supuestamente más conocida la gente que había estado con el Franquismo, en la sociedad lo era mucho más la que había luchado por las cosas.

P.- ¿También de cara al global de la ciudadanía, no sólo en la capital?

R.- Por lo menos en Madrid y en muchos sitios, en los pequeños por otros aspectos. Pero sí creo que aunque parezca que son las personas lo importante también lo es la lucha de la gente. Por tanto, si tú tienes que hacer publicidad no me extraña que se gastasen el dinero en que los conocieran, porque no eran personas que habían estado en la lucha democrática. Habían estado en su sitio, no haciendo mal, pero es como si dices que yo me tengo que presentar por ese.

P.- ¿Cree que ayuda que se conozca a la persona en una campaña electoral?

R.- Las personas son fundamentales. Me parece que eso es esencial y los partidos han hecho que se crean que sólo por las siglas les va a votar todo el mundo. Por eso quieren que el escaño sea de ellos, como si los ciudadanos no representaran nada. Y tú puedes elegirlas, ponerlas, darles poder y estar gobernando.

P.- ¿Cree que los UCD informa les favorecieron a los candidatos de dicha formación?

R.- No creo. Las cosas pagadas obtienen un cierto valor, que tú los tienes que dar a conocer porque no se han dado antes; y tiene un contravalor, que te conozcan, aunque eso no aumenta el sentimiento de la gente ni la empatía.

Eso me parece muy bien pero si tiene que ser pagado había que priorizar los gastos. Lo pudo hacer UCD con ese presupuesto o lo podía haber el PSOE en 1982, que contó con ayuda de Alemania. De nosotros decían que teníamos el oro de Moscú, aunque se lo debieron llevar porque no teníamos el dinero.

Tienes que elegir pero ya te digo que creo que cuando uno hace eso es porque no es conocido y lo tienes que presentar. Y otros pudieron exhibir la candidatura con gente que todo el mundo sabía dónde estaba y lo que había hecho. Es muy distinto estar en la izquierda en un momento de Dictadura que donde estaba Suárez, que fue presidente de Televisión Española. Sabían que tenían que darse a conocer para dejar de confundirse con el Franquismo y nosotros no teníamos ni que disimular porque estaba claro.

P.- Una de sus apariciones más relevantes fue la Tertulia electoral en la que participó junto con el líder de Unión Nacional, Blas Piñar, de cara a los comicios de 1979. ¿Qué recuerdos tiene de ese día y de la portada de ABC con motivo de ello?

R.- Fui porque era cabeza de lista y me tocó ir a un debate por esa posición. Además se creó una tensión porque yo llegué y estaba la silla de mi lado libre. Era la única que lo estaba, todavía no había llegado Blas Piñar y estaba todo el mundo nervioso, pensando en lo que iba a hacer. O yo cuando se sentara a mi lado o él cuando lo hiciera.

Esa foto hizo más por la reconciliación que muchas otras acciones. Lo comentaba el otro día con Luis María Ansón, que no estaba todavía en ABC. Entonces parte de la democracia era dar la tranquilidad a la ciudadanía. Con el diálogo, no con el enfrentamiento. Yo era suficientemente conocida en todos los sitios y engendraba una persona que sabía todo el mundo que era del PCE, que iba a las elecciones, que era abogada, que había defendido a muchas personas en la magistratura, en todas las huelgas y que encima estaba luchando por los derechos de la mujer.

P.- ¿Notó más interés hacia su persona a raíz de su aparición en los medios?

R.- Más que por mediática, esta era una época proclive por la cantidad de acciones que realizábamos, ya que la mayoría de las veces no estábamos en la prensa. Estaba en los juicios que hacía, en magistratura, en las fábricas… Es decir, era una luchadora de la ciudadanía, no una persona mediática. Pero claro, entonces cuando había libertad ya nos llevaban a muchos más sitios. Yo he estado moviéndome en mítines, charlas, institutos y colegios. No mediática de ese momento, sino de lo que realizaba.

Eso hizo mucho. Me conocían pero porque he estado trabajando en los sitios. Me llevaban a un colegio a dar charlas a los jóvenes para hablarles de la igualdad o con los ancianos para contarles cosas. Yo he hecho mucha vida no sólo en las elecciones, en éstas cuando había que elegir yo era también una voz pensante. Y luego he tenido miles de programas, por ejemplo con Hermida. Empecé en La Clave y en muchísimos sitios, que siempre he ido a opinar, no a vender.

P.- Con la perspectiva del tiempo, ¿le repercutió favorablemente aparecer en los medios de comunicación?

R.- A mi sí. Pero no es aparecer en los medios, es que alguno se cree que una es mediática. El opinar en los sitios es una forma de comprometerme con la sociedad. Pero algunos, por ejemplo Ruiz-Gallardón, que he sido tertuliana con él varios años, cuando he estado en la Asamblea y él hablaba siempre el último, en todas ocasiones me soltaba una puya de mediática. Y yo he estado de tertuliana con él en La Ventana de la SER  con José Barrionuevo.

Opinar es distinto que ir a vender no se qué cosa. Yo no he ido nunca a vender nada de mi vida sino a dar opinión democrática. Y a mí eso me ha hecho que siempre me conozcan en todos los sitios y no porque sea una persona que sale en la televisión, sino porque hablo y digo lo que pienso. Eso para todo es bueno y es malo. Pero a mí me da igual porque elijo, no tengo que pedir.

P.- Ya para terminar nos centramos en el papel de la prensa. ¿Qué opinión le merece ABC a partir del fallecimiento del general Franco y del paso a una democracia?

R.- Son cambios relativos. En aquel momento era muy importante facilitar la democracia con un cierto tope. Y a mí me parece que la prensa, en general los medios de comunicación, son muy importantes cuando son capaces de trascribir también el sentimiento de la sociedad. El ABC no lo hizo directamente. Podía hablar de don Juan, como tenía siempre esa contradicción permanente entre él y don Juan Carlos.

Nosotros leíamos entre líneas algunas cosas porque había periodistas que, aun estando en ese medio, escribían así para que te enteraras. No era un hecho fundamental, era un periódico conservador de mucho tiempo, tuvo momentos de más compromiso en toda esa etapa pero representaba lo que representaba, que no era precisamente la democracia. La ayudó cuando supo que era un sentimiento ya colectivo.

P.- ¿Y las Tertulias electorales de ABC? Un producto novedoso, generador de debate en la sociedad.

R.- Hubo muchísimas tertulias en todos los sitios. En la campaña había una participación de todos en todo y la televisión lo reflejaba. Estos foros en otros lugares también se hicieron, como en las cámaras de comercio o universidades, pero en el ABC eran más importantes porque íbamos toda la gente. Luego no opinaban de todos lo mismo. Es decir, sabían a quien tenían que defender y a quien tenían que atacar.

Pero a mí sí que me parece importante que se refleje la opinión pública y la pluralidad de opiniones. Y esto tuvo su importancia aunque el resumen posterior del contenido de los foros tuviera sus más y sus menos. Por eso te digo que no me creo que tenga que ser de izquierdas o no, sino que tenga pluralidad.

En la actualidad, en nuestro país no noto que la haya porque todos los medios son de su padre y de su madre y todos en torno a lo mismo. Hay cada vez más manos y menos información.

P.- ¿Cómo vivió el surgimiento de El País? ¿Hacía falta un medio que actuara de altavoz del centro-izquierda?

R.- Como Cambio 16 o Interviú, que empezó a sacar chicas en pelotas, pero lo que comenzó a haber fue otra línea editorial e informativa que lo mismo te informaba de la chica boom que sobre un asunto de la corrupción. Y en El País necesitábamos una prensa democrática, no vinculada a todos los valores anteriores. Yo creo que incluso La Codorniz cambió de sentido.

Los medios fueron muy importantes, por ejemplo cuando salió El País, del que muchos éramos socios para sacarlo adelante. Ahora me parece un desastre. Hay una manipulación de los medios informativos y una falta de pluralidad informativa que es tremenda.

P.- ¿Qué relación tuvo la cabecera de Prisa con el PCE?

R.- Muchos estábamos y aportamos dinero. El partido en sí no. Pero Carrillo y otra mucha gente tuvieron su papel de líder político, que ahí sí que lo hacía. Poco le llevaban al ABC.

Me parece muy importante El País, no porque fuera de izquierdas, sino porque era moderno y democrático. Para periódico de un partido ya tenía Mundo Obrero. Parecía que la gente necesitaba no tener que leer entre líneas sino hacerlo abiertamente y que hubiera un mundo de opinión en torno a eso, que es lo que creaba la información.

P.- ¿Qué opinión tiene sobre el panorama de las revistas en España en aquellos años?

R.- Hubo un surgir importante. Incluso Triunfo, que estaba ya dentro del Franquismo, pero hacía sus pinitos democráticos; o Cuadernos para el Diálogo, en la que yo trabajé en 1964. Afloró incluso el humor satírico en El Hermano Lobo, como ahora está El Jueves.

El avance fue indudable. Ahora lo han hecho otras, las revistas del corazón. Pero de éstas cada vez hay menos.

P.- ¿El surgimiento de los periódicos en libertad les hizo mucho daño?

R.- Les hizo un daño relativo porque no cubrían todos el mismo espacio. Triunfo era muy importante para leer artículos culturales, no sólo políticos, que el periódico no tenía tanto. Pero ahora lo que lo hace es la desinformación global, aunque entonces la prensa con las revistas se combinaban bastante.

Y los artículos de Cambio 16 sobre montones de asuntos eran muy importantes. Eran revistas que salieron con mayor o menor suerte pero enseguida surgieron grupos editoriales.

P.- ¿Cómo valora la revista con mayor seguimiento en aquellos años: Cambio 16?

R.- Yo la leía todos los días, con José Oneto que era entonces el director. Y es verdad que la gente tenía una ansiedad de información que se fue acomodando. Al principio estábamos a la búsqueda de la democracia y la información política se quería tener y luego se tuvo, a parte, la necesidad de una información cultural.

P.- Y la última publicación del estudio es Triunfo.

R.- Era una revista que generaba confianza para todos. Si queríamos saber de cine íbamos a ella. Todo el mundo la leíamos para tener la orientación de gente en la que confiábamos sobre hechos que no conocíamos, como un teatro determinado o una obra. Buscábamos siempre esas publicaciones a donde teníamos que ir porque medio entre líneas siempre aconsejaba hechos culturales importantes de obras de teatro.

Todas estas revistas nos ayudaban a tener una visión democrática del cine y de todas las cosas. Yo me acuerdo de haberla leído siempre. Creo que el choque no fue tanto con los periódicos sino con la acomodación con la democracia que hicieron dejar de valorarlas. O se le dieron menos importancia. La democracia ha ido perdiendo en unos cuantos años y ahora mismo lo estamos viendo.

P.- ¿Qué relación tenía Triunfo con el PCE?

R.- El PCE estaba en todos los lados, pero no por dinero, sino por militancia. La mayoría de todos, Vázquez Montalbán incluido, eran gente del partido pero que eran periodistas fundamentalmente. Pero no por el poder del dinero, formaban parte por propio mérito del periodista y por la conciencia democrática que tenían aunque militaran en el PCE. Ninguno iba a vender la moto del partido pero todos lo hacían con la de la democracia.

Ese era el interés que tenían estas revistas porque creo que siempre la pluralidad y la libertad informativa es lo mejor para la sociedad. Y lo que llega menos son los monopolios de la información, como están ahora.

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(29 de noviembre de 2012 en la sede de ABA Abogadas)