Después de las fiestas del Pilar

En un tiempo no tan lejano las competiciones de los Juegos Escolares comenzaban “después de las fiestas del Pilar”, frase continuamente repetida a los pequeños jugadores y a sus padres, que se interesaban repetidamente a los entrenadores por el inicio de la liga. No había muchas más preocupaciones al respecto, fuera de las propias de la preparación de los respectivos equipos, la mejora de nuestros jugadores y la del cumplimiento de los objetivos que cada uno se marque, no necesariamente e imprescindiblemente vinculados a la consecución de la victoria. Estamos hablando de categorías formativas.

De un tiempo a esta parte, con la crisis económica (también política, aunque algunos no quieran verlo) los ciudadanos de a pie nos hemos tenido que preocupar por aspectos a los que hasta entonces no dedicábamos ni un ápice de nuestras inquietudes. Los dábamos por supuestos. Uno de ellos han sido los Juegos Escolares, garantes perfectos de todo el proceso educativo que deben poseer en su infancia y adolescencia los jugadores, que han visto retrasados su inicio casi un mes, pero que algunos estamentos que rigen los destinos de nuestra Comunidad parecen no darles excesiva importancia.

Esa tardanza puede ser comprensible, hablando de un modo irónico. Teniendo en cuenta que todas las Administraciones controlan al máximo todo el dinero que poseen vía impuestos, siguiendo con la ironía, que ninguno de nuestros euros se gasta de manera innecesaria, continuo con la misma sorna, y que todas, absolutamente todas, las partidas que posee el ejecutivo de turno son imprescindibles para el desempeño del buen gobierno, es comprensible que no haya lugar desde el que obtener el “chocolate del loro” que supone la puesta en marcha de los Juegos Escolares.

Hablemos en serio. Se trata de un nuevo ejemplo en el que la baraja se rompe siempre por el mismo sitio, el más débil. Los paganos son precisamente los más pequeños, los que apenas se quejan, los que su única preocupación se limita en poder jugar a fútbol sala, entrenando entre semana y disputando los encuentros los fines de semana. Quien más, quien menos, ha ido organizando torneos de pretemporada y partidos amistosos, aunque no deja de ser una solución puntual a un problema esperemos que también puntual.

Cada uno tenemos un modelo de competición ideal y son muchas las modificaciones que introduciríamos. En este caso lo aconsejable siempre es empezar por el principio, es decir, no comenzar las competiciones mucho “después de las fiestas del Pilar”, este año ha sido tras el Puente de Todos los Santos, y ceñirnos, al menos como ocurría antaño, a esa expresión antes citada. Y debemos hacerlo por el bien de la propia competición, también por las selecciones que año a año disputan los respectivos Campeonatos de España pero, ante todo, por los jóvenes. Los que apenas se quejan y sólo quieren practicar el deporte que les gusta, aunque cada vez parece que lo tienen más difícil.