Resumen

La llegada de la democracia a España en 1977 supuso el comienzo de un tiempo nuevo en nuestro país. Atrás habían quedado los casi cuarenta años de Dictadura y los días en los que manifestar un parecer contrario al orden establecido se antojaba como un objetivo cuanto menos peligroso, por las consecuencias que podría deparar. Sólo había una opinión aceptada y las discrepantes permanecían o silenciadas, o trabajando en la clandestinidad para sembrar una semilla que provocara el cambio de modelo en un futuro más o menos próximo, o exiliadas.

El 20 de noviembre de 1975 fue la efeméride inicial de un proceso de cambios que provocaron la celebración de unas elecciones generales y libres casi dos años después, el 15 de junio de 1977. Tras ella, las principales ocupaciones de la clase política española pasaron por dotar de un marco legislativo supremo, a través de la Constitución aprobada en el último mes de 1978, al nuevo régimen de libertades implantado en España.

Con la coyuntura totalmente amparada en un sistema normativo que reconocía los derechos fundamentales básicos de la persona, aspecto utópico poco tiempo atrás, se permitía que la vida en democracia del país se desarrollara por los cauces normales de una organización de dicha tipología, a imagen y semejanza de los estados de nuestro entorno más desarrollados en ese sentido. Ante ese hecho, las segundas elecciones generales de la Transición, el 1 de marzo de 1979, pretendieron dotar de normalidad una situación que no lo había sido en los últimos tiempos, por las ingentes transformaciones afrontadas a todos los niveles.

La libertad era ya una realidad y en los dos primeros comicios se enfrentaron un buen número de partidos políticos, unos de nueva creación y otros con una trayectoria muy extensa, personificados en unos líderes con vidas y biografías diversas. La prensa se erigió como el altavoz perfecto para ejercer una labor pedagógica de los comicios, mostrar los programas de las formaciones y los elementos personales de los aspirantes, que jugaban un papel fundamental para la decisión del voto por parte de la sociedad.

Son precisamente éstos últimos elementos los analizados en la presente tesis doctoral, mediante los ejemplares de las campañas electorales en dos periódicos diarios, ABC y El País, y en dos revistas semanales, Cambio 16 Triunfo. Los cuatro constituyen un buen ejemplo del panorama periodístico, en su perspectiva escrita, que se vivía en aquellos años. Junto a ello, la investigación se complementa con la entrevista a diversos personajes relevantes del período desde el prisma periodístico y político. Del primero, Manuel Campo Vidal, José Javier Aleixandre, Pilar Urbano y Manuel Vicent son sus exponentes; mientras que del segundo los protagonistas fueron Joaquín Leguina, Cristina Almeida, Alfonso Osorio y Rodolfo Martín Villa.

Contenido de la investigación

El hecho de abordar un período temporal tan singular de España, en la que múltiples órdenes fueron modificados, obliga a exponer un marco teórico lo suficientemente amplio que permita tener un conocimiento cuanto menos notorio en varias de las áreas principales que un estudio de esta tipología requiere. Nos referimos a la historia general, la del periodismo y la de la legislación en prensa, para complementarlos con una especificación del género de la entrevista y de la relevancia de la comunicación política en períodos como los abordados, las campañas electorales. Todo ello servirá como contextualización a un análisis posterior en la que la especificación temática de las dos elecciones, abordadas por separado, servirán de antesala para el estudio de todos los productos periodísticos dignos de mención por su evidente componente personal.

La doble perspectiva histórica sirve para detallar una situación en la que gran parte de los órdenes estaban siendo alterados sustancialmente. Desde el fallecimiento del Generalísimo Francisco Franco, hasta la fecha de la segunda llamada a las urnas para unos comicios generales, varios fueron los acontecimientos que cambiaron el camino que transitaba el país. La coronación del Rey don Juan Carlos (22 de noviembre de 1975), el cambio en la presidencia del Gobierno de Carlos Arias Navarro por Adolfo Suárez (3 de julio de 1976), la aprobación, no sin esfuerzo, de la Ley para la Reforma Política (18 de noviembre de 1977), el inicio de las negociaciones con la oposición (11 de enero de 1977), que deparó la legalización del Partido Comunista de España (9 de abril de 1977), las primeras elecciones generales libres en cuarenta años (15 de junio de 1977), la elección de la ponencia para la elaboración de una Constitución (1 de agosto de 1977) y la aprobación de la Carta Magna en el Parlamento (31 de octubre de 1978) y por el pueblo español en referéndum (6 de diciembre de 1978), son sólo algunos de ellos. En esos tres años prácticamente ningún aspecto esencial fue mantenido de igual manera que en la Dictadura, sin ser el panorama periodístico una excepción.

Como se percibirá a lo largo de la investigación, la vinculación entre los acontecimientos históricos, que influyen directamente en el reconocimiento de los derechos, con la legislación del momento, es el aspecto esencial para la implantación de uno u otro modelo periodístico. España, desde la Restauración hasta aquí, ha vivido experiencias particulares en sistemas supuestamente democráticos, como el mencionado de finales del siglo XIX y comienzos del XX, dos repúblicas, dos dictaduras y un enfrentamiento bélico civil, hasta la democracia que conocemos. En ese contexto, la libertad de prensa e imprenta, unida a la de expresión, vivió momentos de mayor o menor apogeo que posibilitaron el desempeño de la tarea de los medios de comunicación seleccionados, con mayores o menores dificultades. En el ABC, rotativo gráfico, de tendencia conservadora y monárquico, nacido el 1 de enero de 1903 y que supuso una renovación en su momento de las cabeceras más arcaicas y de formato sábana; en El País, que debe ser considerado como el diario por excelencia de la Transición española, nacido en el nuevo tiempo democrático, fruto de un estudio que dio como consecuencia un medio moderno y que ejemplificaba el nuevo tiempo; en Cambio 16, la revista más importante del final de la Dictadura y del comienzo de la democracia, con un lenguaje y estilo informativo que variaba lo conocido hasta la fecha, con el indudable protagonismo de Juan Tomás de Salas; y en Triunfo, revista tradicionalmente de cine, que acabó derivando en un semanario progresista con artículos extensos y divulgativos, muy vinculados con la política nacional e información internacional debido a la labor de personajes como José Ángel Ezcurra, Enrique Haro Tecglen o Manuel Vázquez Montalbán; como se percibirá en sus historias particulares, debieron adaptarse e ir modificando sus productos conforme a la coyuntura del momento.

Las diversas Constituciones son un buen ejemplo para conocer el estado de la cuestión, pero es más relevante, en el campo del periodismo en el que se mueve la presente tesis doctoral, las leyes específicas de prensa. Muy variadas han sido las aprobadas desde los lejanos tiempos de la Restauración, ejemplificadas en la de 1879 o 1883, pero la verdaderamente relevante en el estudio es la conocida como Ley Fraga, del año 1966. Aquella que dejaba atrás el ordenamiento de 1938, elaborado por Ramón Serrano Súñer en plena Guerra Civil, y que establecía fuertes mecanismos de control como la censura previa y a posteriori, y la elección del director, entre otras muchas.

La Ley de 1966 supuso un paso adelante que eliminó la censura previa y garantizaba la libertad de expresión, siempre que no se atentaran contra los Principios del Movimiento Nacional. Ese aspecto, que permitió en los primeros años sancionar a muchas publicaciones por no ser acorde a ello, acabó por ser suprimido por el Real Decreto 24/1977, que acabó por garantizar la libertad de expresión, junto con la Constitución de 1978.

De esta manera, los medios de comunicación pudieron afrontar informativamente los sucesos acaecidos en el panorama nacional e internacional de manera libre, entrevistar a cuantos protagonistas consideraran oportunos y publicar los contenidos que estipulasen, fueran o no acorde a los pensamientos del Gobierno de turno. En ese contexto, concretado en las dos primeras campañas electorales, las entrevistas se antojaban como un género indispensable para publicarlas como tal o en otros formatos, y dar a conocer la personalidad y aspectos íntimos de los candidatos, en esa tarea de diferenciación necesaria en esos primeros años. Las charlas personales, o los contenidos similares en otras más genéricas, permitían a los ciudadanos percibir uno de los tres elementos básicos de la imagen del candidato, tan necesaria para propiciar el voto, como es su personalidad. Los otros dos son las convicciones y la comunicación.

En ambas convocatorias, los medios de comunicación escritos se posicionaron como unos elementos muy relevantes para la ciudadanía. En 1977, como generadores de debate entre las distintas opciones políticas, gracias a las Tertulias electorales del ABC, como los encargados de presentar a las diferentes opciones en liza o como vehículo para formar a la sociedad ante la novel democracia. Dos años más tarde, fueron uno de los principales altavoces para informar de la concentración de formaciones, de la consolidación del modelo democrático y del comienzo del juego político en su plenitud, con el fin del consenso y del espíritu de los Pactos de la Moncloa.

Temáticamente hablando, como es lógico, hubo diferencias entre ambos comicios. Las primeras abogaban por abordar la consolidación de la democracia, la conveniencia o no de conformar unas Cortes constituyentes, la resolución de la difícil situación económica (con el déficit, el paro o las nacionalizaciones como principales preocupaciones), la manifestación de pareceres lógicos para lograr el mejor resultado posible o el desarrollo de la primera campaña, con el reparto de los anuncios televisivos o la participación del presidente del Gobierno como principales preocupaciones.

Ya en 1979, el número de temas aumentó exponencialmente. Llegaba el turno a una legislatura con las bases sólidas y un horizonte de cuatro años, por lo que las preocupaciones se trasladaron, además de a los aspectos económicos que seguían inquietando a la sociedad y a los mensajes propios de los períodos electorales, a los aspectos territoriales vasco y catalán, a la seguridad ciudadana ante el creciente terrorismo, al perfeccionamiento y diferencias de esta nueva campaña electoral con respecto a la anterior, a la integración en la Comunidad Económica Europea (CEE) y en la OTAN, o a diversos aspectos muy concretos, como el divorcio, el aborto o los servicios sociales.

Centrados en aspectos periodísticos, con el punto de mira puesto en la entrevista y en la manifestación de la personalidad, la tendencia de los medios de comunicación se mantuvo, en líneas generales, en ambas llamadas. La mayor presencia de charlas en la prensa escrita, vinculadas a la actualidad de los comicios, se produjo en el ABC, gracias a las Tertulias electorales, que contenían un gran número de ellas, aunque también en los contenidos distintos del propio ejemplar aparecían con cierta frecuencia. Mientras, en El País no eran proclives a ellas, salvo los productos especiales de 1977, la Guía electoral, el Especial elecciones o el dominical, en el que hubo un reportaje muy personal de la vida de la familia Suárez en el Palacio de la Moncloa, tras su reciente traslado. En la práctica totalidad de ellas, salvo en el último caso, los contenidos inherentes a la interioridad fueron anecdóticos, casi siempre presentes en las entradillas o primer párrafo, y en ocasiones en las respuestas a preguntas que se preocupaban de esos elementos. Los datos no pasaban, generalmente, de una breve referencia a su biografía o sus comentarios sobre aspectos como el divorcio o aborto, por citar dos temáticas.

La principal diferencia entre ambas elecciones fue la presencia, en las segundas, de los espacios anunciadores UCD informa. En ellas se contienen las entrevistas de personalidad más relevantes de la investigación. Elaboradas por José Javier Aleixandre, fueron introducidas en las dos cabeceras, con diferencias tipográficas evidentes para adaptarse a cada caso, y la biografía, estado civil, aficiones y currículum profesional eran sus principales contenidos. Estamos hablando, en definitiva, de las verdaderas entrevistas de personalidad, presentadas en formato romanceado, y los contenidos más relevantes de la investigación. En total fueron trece conversaciones con diferentes miembros centristas, no el presidente Suárez.

En los casos semanales, la elaboración de productos diferenciados, menos apegados a la actualidad y más reflexivos, provocaron que los contenidos personales aumentaran porcentualmente con relación a los diarios. En Cambio 16, eran introducidos principalmente mediante artículos personales, con uno o varios protagonistas (por ejemplo Rafael Alberti, Pilar Primo de Rivera o Joaquín Garrigues Walker, entre otros), sombras (Adolfo Suárez y Felipe González), comparativas (Santiago Carrillo y Manuel Fraga) o entrevistas, en un número no muy elevado (Alfonso Guerra o Manuel Fraga fueron dos de los casos); y en Triunfo las charlas eran más numerosas (ejemplificadas en Enrique Fuentes Quintana, José Aumente o Alejando Rojas Marcos, entre otros) y los artículos personales mucho menores (Federica Montseny o Fernando Sagaseta, fueron dos de los tres encontrados), aunque también había casos en los textos genéricos que analizaron una situación concreta, como la distribución de candidatos en Andalucía. No se perciben grandes diferencias entre la tendencia informativa de una y otra campaña, en lo relativo a los géneros empleados.

En estos particulares, la presencia de contenidos personales era más dispar. Desde casos con muy pocos o ninguno, hasta otros eminentemente de dicha morfología. Las entradillas, los primeros párrafos o, incluso, una gran parte del interior de los textos, eran los lugares en donde se encontraban mayoritariamente, sin poder establecer normas que se mantuvieran en todos los casos. Por ello, mejor abordarlos individualmente.

Conclusiones

Una labor de dicha magnitud, con áreas diversas, requiere que las conclusiones que se formulen se aborden también de manera diferenciada, acorde a esa disparidad de contenidos que se han detallado en la presente investigación. La historia de España, la legislativa en materia periodística y de imprenta, la especificación de los contenidos periodísticos encontrados al respecto y los aspectos referentes a la comunicación política ejemplificada en los textos analizados, son las temáticas sobre las que se enunciaran determinadas conclusiones al respecto.

Siguiendo ese orden, nos encontramos ante un período en la historia en el que se produjeron los avances para el establecimiento de un Estado que garantizara los derechos y libertades fundamentales, que permitieron la celebración de unas elecciones libres. Unas primeras con los problemas comunes de un proceso nuevo, pero unas segundas que evolucionaron positivamente, aumentando también los temas de discusión. Fueron el punto de partida para la normalización de todos los niveles administrativos españoles y que daba inicio al juego político en su máxima expresión.

En materia legislativa se ha podido comprobar que se trató del inicio del período más largo y estable en el que los derechos y libertades, entre los que se incluyen los relacionados con la prensa, estaban reconocidos y se aplicaban en su máxima amplitud. Esa situación provocó unos hechos muy importantes: el establecimiento de la línea editorial por parte del medio, la elaboración de las informaciones de acuerdo a sus propios intereses y la imposibilidad ser sancionados por manifestar opiniones contrarias a los de los gobernantes del país. Este último aspecto, en el caso de hasta tres de las publicaciones analizadas, no es un hecho carente de importancia en aquel tiempo.

Referido al área periodística, la diferente trayectoria y morfología de las cuatro publicaciones, todas muy dispares, provocaba la existencia de productos muy desiguales. La entrevista era bastante más notoria en ABC que en El País, y en las revistas se produjeron pequeñas diferencias, pero no cuantiosas, centrándose en otro tipo de textos, los denominados artículos personales o genéricos, las comparativas o las sombras. Los contenidos personales en la prensa diaria eran testimoniales, sin pasar, en la mayoría de los casos, de las entradillas que presentaban los protagonistas o aspectos muy concretos como los ya citados divorcio y aborto; y en la semanal mucho más cuantiosos, por la tipología de sus textos y por la necesidad de ofrecer un producto diferenciado con respecto a los diarios.

Mención aparte merecen los UCD informa, que se han convertido en los contenidos más importantes del estudio. Espacios publicitarios de la formación centrista que sirvieron como contenido para presentar y dar a conocer, más si cabe en algunos casos, a un buen número de candidatos de la formación.

Y con respecto a la comunicación política se vieron estrategias muy parejas, aunque con diferencia de matices. En todos los casos el que más interesaba y el que más querían mostrar era al candidato principal. Del resto de protagonistas, sólo la peculiaridad propia del personaje, como ocurrió con Joaquín Garrigues Walker, o su situación particular pudo provocar un caso similar. En los comunistas ocurrió en 1977 con Rafael Alberti y La Pasionaria, percibiéndose como una disparidad en la táctica empleada, al querer repartir el protagonismo del líder con ellos; y en el partido ganador los UCD informa pueden entenderse como una tarea singular del partido para ganar las elecciones o para acallar las ansias de preponderancia de los dirigentes de una formación ciertamente heterogénea.