Entrevista a Joaquín Leguina Herrán

Madrid.- Joaquín Leguina Herrán (Villanueva de Villaescusa, 1941), doctor en Economía, es uno de los personajes políticos más relevantes de la política española en general y la madrileña en particular, con compromisos muy destacados en los tres niveles competenciales, en representación del Partido Socialista Obrero Español (PSOE). De su extensa biografía en cargos de responsabilidad destaca la presidencia de la Comunidad de Madrid, que ejerció entre 1983 y 1995, convirtiéndose en el primer dirigente de la región de nueva creación; su tarea como concejal de Hacienda en el Ayuntamiento de la capital, entre 1979 y 1983; y su labor como diputado en dos etapas diferenciadas, una primera entre 1982 y 1983, y una segunda bastante más amplia, de 1996 a 2008.

Además de lanzar al mercado diversas obras literarias, ha colaborado puntualmente en diversos medios de comunicación. Fueron especialmente significativos sus textos en la revista semanal Cambio 16, la publicación de dicha índole más destacada del momento por su tipología, lenguaje y estilos empleados, en un período en el que las novedades estaban a la orden del día.

La trascendencia de Leguina con mi proceso investigador venía fundamentado por dos vertientes: la periodística, por su labor en Cambio 16 y su conocimiento de los primeros pasos dados por la revista ideada y puesta en funcionamiento por Juan Tomás de Salas; y la política, merced a su pertenencia al PSOE y su participación en los diferentes actos de la campaña electoral, especialmente la primera, en junio de 1977.

Pregunta.- ¿Cómo surge la revista Cambio 16?

Respuesta.- Era una idea de Juan Tomás de Salas, al que yo he conocido toda mi vida como Juan Salas, lo de Tomás vino después. De familia noble, en el sentido tradicional, aunque nunca lo exhibió, mi primer contacto con él fue en París y ya tenía esa idea. Estaba haciendo, creo que ya la tenía, una tesis con el historiador francés, Pierre Vilar. Estuvimos dos años y cuando él volvió a España enseguida se puso a montar la revista.

La puso en marcha con gente como José Luis Leal, hijo de almirante, compañero de estudios del Rey de niños, presidente de la Asociación Española de Banca Privada (AEB) y ministro con Suárez; y con mucha más personas. Con problemas como había y hay para montar una empresa de este tipo, nació antes de la muerte de Franco pero cuando se disparó fue después de su fallecimiento. Pero ya de entrada Juan Tomás impuso un estilo que era completamente nuevo en España, al que creo que colaboré algo en crear.

P.- ¿Influyeron mucho sus viajes por Europa a la hora de idear y poner en marcha la publicación?

R.- Él trabajó en France Press una temporada y se exilió en Colombia. Le sacó el embajador del país en Madrid cuando Franco le quiso meter en la cárcel porque pertenecía al grupo político Frente de Liberación Popular (FLP), que era del que formaba parte yo, por eso lo conocía. Pero no lo hice en España, aunque curiosamente estábamos en la misma organización, muy de izquierdas.

Su salida se produjo a instancias de un periódico que se llamaba, creo que sigue haciéndolo, El Tiempo, propiedad de la familia Santos. Qué casualidad, el presidente de la República de Colombia en la actualidad se llama Santos. Es el hijo del responsable de sacar a Juan Salas, que viajó directamente a Colombia para trabajar en ese periódico. Juan tenía la carrera ya terminada de abogado, pero se dedicó desde ese momento al periodismo.

P.- ¿Cómo fueron esos primeros pasos de una forma rudimentaria en el piso de Salas en Madrid?

R.- Vivía entonces cerca del Hospital del Niño Jesús, en el barrio de La Estrella. Cuando lo montó empecé a trabajar con él, poco porque yo nunca he dependido económicamente de Cambio 16, y publiqué en el número cero un artículo. Pero en las previas con la gente que tenía dinero, entre ellos creo que estaba Luis González Seara, que fue ministro y es catedrático de la Universidad Complutense, no intervine porque no tenía un duro. Estaba haciendo las oposiciones.

Colaboré muchos años en la publicación, escribiendo, por ejemplo cuando estuve en Chile, varios artículos incendiarios sobre el golpe de estado de Pinochet.

P.- ¿Cómo fue su labor personal en Cambio 16?

R.- Hice colaboraciones semanales, unas tiras y algún reportaje. Todo ello a mi estilo y opinión, porque era ya estadístico y hacía trabajos de dicha área que eran un rompedero de cabeza. Estoy hablando antes de que falleciera el difunto. Tras su muerte seguí colaborando pero ya no te metías en líos.

P.- ¿Revolucionó el periodismo el lenguaje que empleaba Juan Tomás de Salas?

R.- El lenguaje y el estilo muy moderno era copyright de este señor.

P.- ¿Lo considera un visionario?

R.- Lo era en general para muchas cosas.

P.- En esta primera época que comenzó como semanario de información económica ¿se vislumbraba que iba a acabar centrado en política?

R.- La intención era esa. Él creía que Franco se iba a morir, el resto de los españoles pensábamos que era inmortal.

P.- La segunda época se inició cuando le permitieron publicar contenidos políticos, tras la muerte del presidente del Gobierno, Carrero Blanco, y el consiguiente cambio de Gobierno. ¿Ese fue el paso definitivo al éxito que alcanzó, con tiradas de hasta 340.000 ejemplares semanales?

R.- Sí parece. Los datos son concluyentes. Tuvo mucha influencia Cambio 16 en la creación de un ambiente. No era una revista partidaria, ni socialdemócrata ni de otra ideología.

P.- Durante la tercera época, alrededor del bienio 1976-1977, se convirtió en un semanario de información general. ¿Ese cambio se produjo por la llegada de los periódicos, que ofrecieron un producto que podría asemejarse con el de las revistas?

R.- Ahí es cuando Juan Tomás de Salas se quedó atrás porque tenía que haber liderado la creación de un periódico como El País. Pero se le adelantaron gente que tenía menos experiencia que él.

P.- ¿No supuso la última modificación de Cambio 16 una huida hacia delante, porque se centraron en aspectos diferentes como elementos más sociales de la política?

R.- Eso no lo percibí en ese momento. El gran fracaso fue el no haberse convertido en periódico a tiempo. Con Diario 16 ya se le habían comido el espacio.

P.- ¿Pudo influir en su declive que se estaban consiguiendo determinadas reivindicaciones que defendía Cambio 16?

R.- Yo creo que no. La sociedad siguió demandando información en forma de periódico diario. El problema fue la no transformación, ya que El País mató a todos los semanarios, entre ellos a Cambio 16, que era el más importante, pero también a todos los demás. Sobrevivió Interviú porque ponía a chicas hermosísimas desnudas, que siempre es muy agradable, pero el periodismo político, que sigue siendo el más importante, se lo comió el diario de Prisa y, en la medida que fuera, también los otros periódicos que supieron transformarse o permanecieron por tradición familiar, como es el caso de ABC.

En el momento en el que estamos hablando hay dos periódicos de ámbito nacional, que son El País y El Mundo. El primero es el asesino de Cambio 16 y el segundo el sucesor.

P.- Ahondando en su vida política, ¿cuál fue su labor en las dos primeras elecciones?

R.- Fui en las listas del PSOE en las elecciones generales de 1977 y en 1979 fui concejal de Hacienda y Patrimonio del Ayuntamiento de Madrid, con Tierno Galván. El siguiente paso fue ser presidente de la Comunidad de Madrid.

P.- ¿Cómo eran las campañas políticas de entonces? ¿Mucho más rudimentarias y cercanas con relación a ahora?

R.- Muy rudimentaria pero más auténtica, más de contacto. No había tantos errores de diseño porque el encargado del partido, que era Alfonso Guerra, ya sabía bastante de este asunto. Tenían más autenticidad porque el hecho de llevar a unos jóvenes a los que has pagado dinero para que se pusieran detrás del líder porque ya no tienes jóvenes que poner propios no se llevaba. Entonces eran de verdad.

P.- ¿Cuál fue la manera de afrontar el PSOE los primeros comicios? ¿Estaba ya preparado para ello a pesar de la premura en el tiempo?

R.- Los andaluces, los sevillanos más concretamente, Alfonso Guerra y Felipe González, sabían para qué estaban en el mundo, que era intentar ganar unas elecciones. En las primeras, que era todo improvisado, la idea que tenían era ser el segundo y lo consiguieron. No les interesaba ser el primero.

P.- ¿No era el momento?

R.- Por eso no les interesaba.

P.- Hábleme de la pelea en el socialismo, porque hubo varias vertientes entre el PSOE, su ramificación histórica o los populares, personificados en Tierno Galván.

R.- Ese aspecto lo tenía muy claro Felipe González. Le hice una entrevista para una revista teórica que era Zona Abierta, con el director de la publicación, y ya nos lo dijo sin ningún problema: nosotros vamos a conseguir unificar a todo el socialismo y vamos a ser generosos. En efecto, lo hicieron. En las primeras elecciones desaparecieron prácticamente todas las vertientes, incluido el PSP, que tenía un líder muy potente, y antes habían pactado también con otros, otorgándoles puestos.

Fueron generosos y en muy poco tiempo consiguieron la unidad, menos del PCE, de todos.

P.- ¿Qué rasgos fueron los esenciales en la estrategia de comunicación socialista en las primeras elecciones?

R.- Tenía un mensaje muy claro y todo giraba en torno a él: la juventud del líder. Iba con camisa de cuadros, que no se ha vuelto a poner en su vida, jamás he visto a Felipe González con una prenda así excepto en las fotografías de la propaganda; y el mensaje aglutinaba lo viejo y lo nuevo. Intentaron enganchar al viejo socialismo, anterior a la guerra, de gente como Julián Besteiro, sin hacer distingos, aunque entre él e Indalecio Prieto había una diferencia, y entre éste y Francisco Largo Caballero una diferente.

En resumen, era un batido entre lo nuevo y lo viejo. Y funcionó.

P.- Mi tesis ahonda en los contenidos personales de los candidatos. ¿Cómo vendieron, políticamente hablando, a Felipe González?

R.- Es evidente que la diferencia era el PCE. En dicha formación todos habían estado en la guerra y habían sido por lo menos generales, Carrillo más que eso. Mientras que los principales candidatos socialistas no habían nacido por aquel entonces y eran de familias incluso vinculadas a la Dictadura. Por ejemplo, el padre de Alfonso Guerra era un obrero de la empresa pública militar sevillana La Maestranza de Artillería, propietaria de la plaza de toros, y de izquierdas era lo mínimo. El padre de Felipe González, que era de Izquierda Republicana, había hecho la guerra emboscado, con muy buen criterio, a las órdenes de un noble sevillano que era militar. Es decir, que no habían tenido nada que ver, ni sus padres ni ellos, con la Guerra Civil.

La guerra para nosotros era un referente nada familiar, sino lejano, ideológico, pero no lo teníamos metido en los huesos. El mensaje del momento sacó, a la vez, al PSOE de la guerra y reivindicó algunos pensamientos minoritarios de diversos personajes del partido antes del conflicto, como fueron los de Fernando de los Ríos o de Luís Jiménez de Asúa. Rescataron el pensamiento socialdemócrata de antes de la Guerra y lo pusieron al día, olvidándose de los pujos revolucionarios del año 1934, en el que hay que recordar que el PSOE se levantó en armas contra la República. Lo que pasó aquí, que fue una tragedia enorme, también lo fue para el propio partido político.

P.- ¿Qué importancia tuvieron en estas elecciones los aspectos personales? En la derecha muchos de los candidatos procedían de los aparatos del Régimen, que podrían ser más o menos conocidos, pero en el PSOE eran gente desconocida.

R.- Éramos gente desconocida pero no en nuestro ámbito de influencia. Yo lo era, pero había sido dirigente estudiantil, y puedo poner muchos ejemplos. Todo el mundo había hecho algo durante la Dictadura y además lo había llevado a cabo contra ella, ya fuera un abogado laboralista, un ingeniero de caminos, etc. Éramos profesionales prestigiosos en nuestro ámbito, aspecto del que adolece el partido en la actualidad.

P.- No sé si conoce los espacios publicitarios UCD informa, que se llevaron a cabo en los segundos comicios, los de 1979. ¿Qué opinión le merece? ¿Se lo planteó el PSOE?

R.- Es una idea que está bien. No creo que le hubiera ayudado al PSOE porque esto está bien, como información es decente, pero en este país todavía es el líder el que ocupa todo.

P.- En ese período aparecieron contenidos variados de personalidad sobre Felipe González y muy puntuales sobre Enrique Múgica o Carmen García Blaise. ¿Era la intencionalidad de la formación sólo vender al líder?

R.- No lo sé, pero era un aspecto que tenía claro Alfonso Guerra, el encargado de la estrategia electoral, que el líder era el que vendía. Eso tiene sus problemas porque detrás de él es diferente colocar a Leopoldo Calvo-Sotelo, ingeniero de caminos, que a una persona que no haya finalizado la carrera, caso de José Blanco.

P.- ¿A Suárez le ayudó el hecho de ser personalmente conocido y sus apariciones en publicaciones como Hola?

R.- Sin duda que le ayudó porque era muy mediático. Lo había sido siempre. Había sido director de Televisión Española. Sabía de eso.

P.- Para finalizar con el papel de las cuatro publicaciones que analizo en la tesis, ¿qué opinión le merece el cambio de ABC de un régimen dictatorial, al que apoyaba a grandes rasgos, a una democracia como la concebida en la Transición?

R.- Apoyaban al Régimen ma non troppo fanático. Ellos siempre han sido monárquicos de derechas, muy de derechas, porque también hay monárquicos de izquierdas. Yo soy juancarlista y soy de izquierdas. No es un periódico que haya querido jamás. Ahora está mejor, tiene unos colaboradores excelentes.

P.- ¿Dónde se colocaba El País en ese período?

R.- Era mucho más objetivo antes que ahora. En la actualidad ha tomado la deriva de un periódico de trinchera y así le va, que ha perdido credibilidad.

P.- ¿El éxito de El País pudo venir justificado por el hecho de convertirse, en cierta manera, en el altavoz del centro-izquierda, que en ese momento lo necesitaba?

R.- ¿Si analizas El País de aquella época sacas la conclusión de que es de centro-izquierda? Yo tengo dudas. Es demócrata.

P.- ¿Y cómo fue la relación del rotativo de Prisa con el PSOE en aquellos años?

R.- Con algunos bien y con otros mal. El País, como era el jefe entonces de verdad, no estoy hablando de Jesús de Polanco, sino Juan Luis Cebrián, este gran empresario que ha hundido una empresa importante él solito cobrando trece millones de euros al año, siempre ha sido un poco chulo, en el sentido que se le da a esa palabra en Madrid. Es decir, que pasa de todo, insulta a todo el mundo, etc. Entonces con unos se ha portado mejor que con otros.

Cuando llega el PSOE al gobierno, sé que esta no es la etapa que estás investigando, cogió a cuatro ministros a los que iba a sacudir y los otros eran los buenos. A priori éstos eran los que vamos a defender y éstos los que vamos a sacudir.

P.- Llama la atención que Fraga comenzó siendo accionista de El País.

R.- No, es lógico. Fraga ya había dado el paso, se había puesto en la hipótesis democrática, que era la que sucedió. De tonto tenía muy poco. Era su sitio estar allí. Luego es otro que tomaron como el payaso de las bofetadas, le dieron leña y se salió.

Fraga cometió muchos errores en la vida pero no merecía los palos que le dieron desde que él tenía sus acciones ahí metidas.

P.- ¿Y Triunfo?

R.- Era una revista antigua, ideológica, donde había unos colaboradores muy valiosos como Haro Tecglen, Vázquez Montalbán o Alonso de los Ríos. Eran gente de alta calidad pero no entendieron que una revista era otra cosa.

Coge la colección de Triunfo de antes y después de la muerte de Franco. Tú no verás, antes del fallecimiento, un escote o unas bragas de una muchacha, y después de la defunción ni un desnudo. Y una revista tiene que sacar también eso.

P.- ¿Tenía relación con el PCE?

R.- El PCE era más moderno que Triunfo, que ya es decir.

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(29 de noviembre de 2012 en el Consejo Consultivo de la Comunidad de Madrid)