Entrevista a Manuel Campo Vidal

Zaragoza.- Manuel Campo Vidal (Camporrells, 1951) es uno de los personajes más relevantes del periodismo, tanto escrito como principalmente audiovisual. Pasará a la historia como el informador que moderó el primer debate electoral televisado entre dos candidatos a la presidencia del Gobierno en nuestro país, con Felipe González y José María Aznar como protagonistas, el 24 de mayo de 1993; y como el que más veces ha desempeñado esa función en dichos formatos durante la nueva democracia española.

La Cadena Ser, Antena 3 o Audiovisual Sports, y la revista Triunfo constituyen tres de los numerosos medios en los que ha ocupado diversas responsabilidades, desde las propias periodísticas hasta también directivas. El hoy presidente de la Academia de las Ciencias y las Artes de la Televisión fue relevante para la investigación como consecuencia de su labor como corresponsal en Barcelona de la revista Triunfo. Su pertenencia y conocimientos le permitieron dar una visión fidedigna de una de las publicaciones más relevantes de la Transición española.

Pregunta.- Si no me equivoco llegó a Triunfo en el año 1978, cuando se fueron una serie de redactores que fundaron la revista La Calle. ¿Cómo fue su trayectoria la publicación primero semanal y después mensual?

Respuesta.- Yo estoy en ese período hasta que realmente cierra la revista Triunfo, primero era semanal y después mensual. Tuve la inmensa suerte de tener un profesor que se llamaba Manuel Vázquez Montalbán. Era mi profesor en la Escuela de Periodismo de la Iglesia de Barcelona, compartíamos la redacción, él como una persona ya de gran nombre en la sección de Internacional como comentarista y yo era becario en el mismo diario, el rotativo Tele-exprés. Cuando capital cercano al PCE monta una revista que se llama La Calle varias personas se van de Triunfo, cesa particularmente el redactor jefe, César Alonso de los Ríos, y Manuel Vázquez Montalbán, que era su estandarte, se van de una a otra. Entonces él tiene la inmensa generosidad de recomendarme al propietario, José Ángel Ezcurra, como el corresponsal en Cataluña. Manuel era mucho más que eso en dicha Comunidad pero yo quedo como el corresponsal en Cataluña.

Hace poco, en un homenaje a Vázquez Montalbán, Juan Cruz de El País decía: yo cuando empezó a escribir Manuel Campo Vidal pensé que era un pseudónimo de Manolo Vázquez, lo cual es un honor para mí que me confundieran con un pseudónimo de un personaje como era él.

P.- La tesis aborda, en lo que a las revistas se refiere, las publicaciones Triunfo y Cambio 16. ¿Qué diferencias existían entre una y otra?

Triunfo era mucho más analítica y Cambio 16 tenía dos particularidades: era una revista mucho más pegada a la actualidad inmediata, mucho más informativa, y además poseía una mejor información de uno de los grupos que aspiraba a liderar la Transición política española. Me refiero al mundo de los socialdemócratas, por tanto de Francisco Fernández Ordoñez, de Carlos Bustelo, etc., a través de su propietario y editor, que era un personaje realmente muy singular, digno de una novela, que era Juan Tomás de Salas. La diferencia estaba ahí: Triunfo era de izquierda analítica y la otra era una revista socialdemócrata pero mucho más pegada a la actualidad y centrada en el corto plazo de la información de esa semana.

P.- También el lenguaje influía ¿no?

R.- Sí. Cambio 16 tenía un lenguaje mucho más periodístico y  Triunfo tenía uno mucho más profesoral, analítico y reposado. Ésta última, en medio, tenía dos o tres grandes escritores: Eduardo Haro Tecglen, que era subdirector pero que también llenaba media revista con pseudónimos distintos, firmaba Pozuelo entre otras denominaciones; o Manuel Vázquez Montalbán, que era un prolífico escritor y se firmaba como la Baronesa de Orly, Luís Dávila para asuntos deportivos, Manolo V el Empecinado, etc. De ahí que Juan Cruz pensara que Manuel Campo Vidal era otro pseudónimo suyo.

P.- ¿Y por qué dejó de tener éxito? ¿Influyó mucho la prensa diaria o la llegada de la democracia y con ella la consecución de algunas de las reivindicaciones que se clamaban desde las distintas publicaciones?

R.- No. Yo creo que fundamentalmente en la crisis general de todos los semanarios, es verdad que Cambio 16 resistió algunos meses o años más, pero en unas condiciones bastante precarias,  el elemento fundamental fueron los dominicales de los periódicos. Es decir, el espacio que poseían los semanarios fue ocupado directamente por los dominicales de los periódicos. Y luego que los periódicos, particularmente El País, empezaron a dar una información que antes tenías que ir a buscar a los semanarios, con el ejemplo de Cambio 16, pero que a partir de aquel momento ya estaba en la prensa diaria.

P.- ¿No cree que la llegada de la democracia, con la que ya muchos de los principios que se defendían antes parece que se habían alcanzado, pudo haber influido en la despolitización de la sociedad y, por ende, en el consumo de un menor número de productos periodísticos centrados en ese tipo de contenidos?

R.- Puede ser pero yo creo que había razones sobretodo empresariales y de ciclo de información.  Aquellas que ibas a buscar a los semanarios porque eran los que más informaban ya la tenías día a día, con lo cual  podríamos decir que el semanario lo mataban, por un lado, los periódicos diarios y, en su parte más complementaria, los dominicales de los periódicos.

Yo creo que eso fue determinante porque los principios eran los mismos. Cuadernos para el Diálogo y Triunfo defendían la democracia, pero El País y otros rotativos también lo hacían. Con lo cual no era un tema de principios, sino editorial.

P.- Ya centrados en las elecciones, vivió unas como lector de Triunfo, las del 15 de junio de 1977, y otras como trabajador de la publicación, el 1 de marzo de 1979. ¿Qué diferencias percibió entre una y otra llamada a las urnas?

R.- Las elecciones de 1977 eran las de la sorpresa y las de 1979 las de la consolidación. De la sorpresa porque todavía había mucha gente en España que creía que el PCE iba a tener más diputados que el PSOE dada su gran actividad en los últimos años de la Dictadura y eso se demostró que no fue así. En las elecciones de 15 de junio Santiago Carrillo tuvo veinte diputados y Felipe González ciento dieciocho. Es decir, prácticamente le multiplica por seis, con lo que se ve claramente que la alternativa de poder a cualquier expresión de la derecha era el PSOE, pero en aquel momento previo a las votaciones no sabíamos lo que iba a suceder.

Hubo grandes sorpresas. Que quiénes invocaban la obra de Franco en junio de 1977, un Régimen que acababa de terminar no hacía ni dos años con la muerte del Generalísimo, es decir, Fraga Iribarne, Alianza Popular y una buena parte de su ex ministros, con los llamados Siete magníficos, resulta que obtienen sólo dieciséis diputados y que el último presidente del Gobierno de Franco y primero de la Monarquía, Carlos Arias Navarro, no salió elegido senador por Madrid. Era algo que no podía esperarse nadie.

P.- ¿Y las particularidades de los segundos comicios, primeros con una Carta Magna aprobada?

R.- Las elecciones de 1979, ya con un texto constitucional en la mano para sorpresa de todos y probablemente para desconcierto de muchos, fueron convocadas por el presidente Adolfo Suárez para el 1 de marzo y luego las municipales para el 3 de abril. Son los comicios de la consolidación. Felipe cree que puede ser presidente en aquel momento, pero sólo gana tres diputados; Suárez cree que puede tener mayoría absoluta, pero sólo gana tres diputados; y el PCE sólo gana tres diputados. Es curioso que las tres fuerzas principales avanzaran lo mismo.

Y se hunde el sector de Alianza Popular, que ya va con esa fórmula de CD que cree que ampliará y baja nueve, con Areilza, Osorio y Fraga como diputados, Las trillizas que les llamaban en aquel momento.

P.- ¿Cómo afrontó Triunfo las elecciones de 1979, en las que usted estuvo trabajando allí?

R.- No tengo una conciencia muy clara de la manera de plantear las elecciones y no me gustaría improvisar. Tengo mucho más claras las primeras elecciones catalanas del año 1980 porque me tocaba muy directamente. Pero con relación a los comicios nacionales yo no estaba en el núcleo de redacción, yo vivía en Barcelona y no sé, aunque hablé años después mucho y mantuve hasta su muerte una buena amistad con su propietario y director, José Ángel Ezcurra, pero no tengo la consciencia de cómo se las planteó.

Triunfo también vivió esa sorpresa por el hecho de que el PCE, que es verdad que había estado mucho más activo en la oposición democrática que el PSOE, tenía veinte diputados en 1977 y veintitrés después. Siempre hubo leyendas asociadas a la posición de la revista, que si estaba financiada por la Unión Soviética y cosas así, pero que son absolutamente impresentables e insostenibles. No tenía nada que ver.

P.- Como experto en comunicación que es, la importancia de dar a conocer el personaje político, los elementos personales como complemento a su labor política, ¿cómo de importante fue en aquellos años?

R.- Hubo un elemento que desconcertó probablemente a todos. Adolfo Suárez tenía una gran relación personal con la familia Sánchez Junco, propietarios de Hola. Y dicha publicación, que es un medio de comunicación de una gran influencia familiar en España, le dio apoyo y apareció en reportajes con toda su familia. Yo recomiendo que se busquen los ejemplares de la revista previos a ambas elecciones y verás la diferencia de tratamiento que había de Adolfo Suárez con otros líderes. Digamos que existía el pudor de yo no enseño mi familia. Eso se hacía mucho en el ámbito de la izquierda, aunque Fraga nunca apareció con su mujer, por lo tanto también la derecha. Suárez volvió a lo kennediano, no sólo entiende la televisión sino que entiende también la revista Hola. Y le ayuda mucho.

P.- Centrados ya en la revista Triunfo, con relación a un artículo suyo relativo a la ruptura de la Entesa, hay ejemplos de dos pequeños retazos personales, una clara muestra de lo que se encontraba en las páginas del medio. De Juan Benet destaca que lo calificó como caballo de la candidatura.

R.- Yo creo que lo digo en el sentido de caballo tractor. Josep Benet era una persona absolutamente respetada en los ámbitos intelectuales en Cataluña y fue un gran éxito del Partido Socialista Unificado de Cataluña (PSUC) el poderlo incorporar allí. Luego fue candidato a las elecciones del Parlamento de Cataluña como independiente en las listas del PSUC y no ha habido elección posterior en la que dicha formación o cualquiera de sus derivados, en este momento Iniciativa per Catalunya (ICV), tuviera tanta presencia.

P.- Con respecto a Andreu Abelló se refirió a su currículum como presidente del Tribunal de Casación de la Generalitat.

R.- Era un hecho muy relevante. Era el único cargo del ámbito de la Generalitat que sobrevive políticamente, digámoslo así, para presentarse a las elecciones en la Entesa. No recordaba este artículo.

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(8 de noviembre de 2012. Colegio de Farmacéuticos de Zaragoza)